8 de febrero de 2009

La renuncia el Comandante de la MONUC

El general Díaz de Villegas saluda a un general de Senegal (Foto: El País)

El 8 de febrero de 2009 se publicó en la edición electrónica de “El País” un reportaje sobre el informe que rindió en Nueva York el ex comandante de la Misión de Naciones Unidas en la República Democrática del Congo (MONUC), General Vicente Díaz de Villegas (español), quién renunció a su alto cargo luego de una “Apreciación Militar de la Situación”, sobre una misión que le asignó el mando político de la MONUC. Obviamente la apreciación que lo llevó a tomar tan difícil decisión le fue preparada por su Estado Mayor y por su Estado Mayor especial.

Con su decisión de dimitir, el General Díaz de Villegas no solo perdió su oportunidad de ascenso sino que representó el fin de su carrera, por cierto brillante hasta ese momento. Una situación tan dura para un militar forjado en el fundamentalismo más radical de la conciencia del deber y muy difícil de ser entendido por alguien que no comprende o desconoce las vicisitudes que en el ejercicio del mando se presentan.

Es importante comprender la diferencia entre ejercer el mando dentro del contexto de la Defensa Nacional y ejercerlo dentro del contexto de las Operaciones de Paz de la ONU.

El contexto de la Defensa Nacional abarca todas las operaciones dentro o fuera del territorio Nacional donde la Defensa de la Patria, es la inspiración para cualquier sacrificio en planeamiento, toma de decisiones y ejecución de operaciones. Todo esfuerzo o pérdida humana o material “es poco” cuando de salvar a la patria se refiere.

Sin embargo, en el contexto de las operaciones de paz, es diferente. Así como los países van a la guerra por una decisión política y envían a sus ejércitos, de la misma manera la ONU por razones de política mundial envían a sus contingentes en misiones de paz. Una misión de paz no está exenta de desarrollar operaciones ofensivas como es el caso de MONUC.

Por tanto un comandante en el contexto de las operaciones de paz, debe necesariamente considerar, su mandato específico (que obedece a un interés y decisión política), la seguridad de no combatientes y la seguridad de sus tropas. Tiene bajo su mando tropas de otras naciones. Todos organizados en una gran unidad militar para cumplir una misión militar con un objetivo político estratégico de la ONU.

En el proceso de toma de decisiones, un comandante sopesa con su Estado Mayor, el grado de riesgo mínimo aceptable que representa una misión.  En el contexto de la Defensa Nacional (de la patria) los pensamientos más estoicos y abnegados dirán siempre que no hay riesgo que considerar si la patria está en peligro. Los cadetes de la Escuela Politécnica (academia militar para formación de oficiales) del ejército de Guatemala: gritan todos los días: “Se puede abandonar a la patria, dichosa y triunfante; pero amenazada, destrozada y oprimida, no se le deja nunca, se salva o se muere por ella”.

Este no es el caso en el contexto de las operaciones de paz. Por consiguiente el riesgo mínimo aceptable, debe ser realmente “mínimo” principalmente para evitar víctimas “no combatientes” y por supuesto para seguridad de las tropas, que actúan como mediación por un mandato – político – de la ONU.

El caso de Srebrenica por ejemplo en 1995, una zona declarada “segura” para los Bosnios por la ONU, encomendada a un Comandante de Batallón, el Teniente Coronel Thomas Karremans, al mando de 400 cascos azules holandeses. Los Bosnios aceptaron las condiciones de la ONU de entregar sus armas a las fuerzas de la ONU, pero los Serbios, al verlos desarmados, atacaron la ciudad y masacraron 8,000 personas. El comandante holandés tenía que proteger a los bosnios con 400 soldados ante el poderoso ejército Serbio. Pidió refuerzos desesperadamente pero no fueron atendidas sus peticiones; su mandato (de la ONU) le impedía atacar a los serbios.

¿Debía enfrentarse el Teniente Coronel Kerremans y sus 400 holandeses y morir heroicamente frente a los más de 10,000 hombres del ejército serbio que luego, de todas formas, masacrarían a los 8,000 bosnios?   O sencillamente ¿Debía limitarse a cumplir con el mandato de la ONU que le impedía atacar a los serbios?

Estas son las decisiones que aprecia militarmente un comandante en el contexto de las operaciones de paz, que son políticas. La muerte de los 400 holandeses hubiese sido más que justificada peleando contra cualquier fuerza, si fuera por la defensa de su patria Holanda.

Pues bien, Kerremans tomó la decisión de no enfrentar a los Serbios, la masacre ocurrió y la fuerza Holandesa no sofrió daño por parte de los serbios. Fue duramente criticado, arruinada su carrera militar, vituperado por los que preferían que hubiese muerto junto con sus soldados, tratando de impedir una masacre por una crisis  de otro país que no era el propio, al que había llegado por un interés político de los gobernantes de su propia patria. Kerremans tomó su decisión en base a una apreciación de la situación, como ahora lo hizo el General Díaz de Villegas. Sólo que el General Díaz previó un desenlace parecido al de hace 14 años.

El General británico M. Jackson reflexiona: “Todos los mandos militares deben hacerse a sí mismos dos preguntas: si una operación que entrañe riesgo, más allá de lo imprescindible, está justificada operativamente; y si soy capaz de vivir con el peso de estas bajas sobre mi conciencia”

De esto se trata la diferenciación de los contextos de la Defensa Nacional y de las operaciones de paz por parte de los comandantes.

Fragmentos del informe del General Díaz de Villegas:

El General Díaz de Villegas explica en su informe que se trataba de aplicar presión militar sobre grupos armados a través de acciones ofensivas para las cuales las tropas de MONUC no tenían mandato ni movilidad y los medios que esta implica. La orden del mando político de la MONUC tenía alcances fuera de la realidad. Las unidades sólo tenían capacidad para reaccionar y proteger a la población en las principales ciudades y rutas. En el resto del país, debían limitarse a la autoprotección. No existía ninguna evaluación de riesgos o amenazas y no se disponía de reservas. Es decir: si una unidad aislada de la MONUC o un grupo de civiles estuviese en peligro, no sería posible enviar refuerzos en su auxilio. Respecto al equipamiento de los cascos azules, faltaban aparatos de visión nocturna, armas pesadas, helicópteros, material médico e incluso munición suficiente para la comprometida ofensiva, según el informe.

Si fueran capaces de resistir un primer ataque o de lanzar una contraofensiva, las tropas de la ONU se convertirían en objetivo. Los principales cuarteles  (de los cascos azules) podrían resistir, pero los menos protegidos correrían un gran riesgo.

Villegas intentó convencer a su superior, el británico Alan Doss, máximo responsable político de la MONUC, de la necesidad de suspender la aplicación del plan, "pero él me dejó claro que su objetivo era aplicar al máximo el uso de la fuerza".  Algunos contingentes debían revisar sus capacidades, adaptarse a una misión más robusta. Hasta que se recibieran estas nuevas capacidades y yo pudiera redesplegar y reconfigurar la fuerza, el plan debía ser retrasado.

El General Díaz de Villegas termna diciendo: “sabía que mi decisión no iba a gustarle a nadie. Y pagué un alto precio personal por ella. Pero era mi deber como oficial. Debía sinceridad a mis subordinados y lealtad a mis superiores. No tenía otra elección".

Rererencia: El País

1 comentario:

  1. Cuando la fuerza de los valores sea superior al minimo de riesgo que pueda tener cada comandante en la toma de decisiones dentro de las misiones a la ONU, usted podra ir notando que mas Comandantes iran renunciando.

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