11 de marzo de 2010

Estrategia del EGP, durante el Enfrentamiento Armado Interno, 1980

El Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) básicamente planteaba que para el triunfo de la guerra popular en Guatemala se necesitaba hacer interactuar tres planos estratégicos, complementarios entre sí: la montaña, la ciudad y el llano.

En la situación concreta, la montaña era el altiplano, y su retaguardia la selva de Ixcán; la ciudad era la capital, donde actuaba el Frente Otto René Castillo y la Comisión de Trabajo Amplio de Masas, COTRAM.

El llano era la costa sur, donde se había organizado el Frente Luis Augusto Turcios Lima. La montaña debía ser el escenario donde se formaran las fuerzas militares estratégicas de la revolución, pasando por diferentes fases: implantación, organización de la población, generalización de la guerra de guerrillas y, como fase final, disputa de territorio y población.

El área para que se desarrollaran esas fuerzas guerrilleras estratégicas y se generalizara la guerra de guerrillas era lo que el EGP llamaba «el altiplano densamente poblado», que poco más o menos correspondía al territorio donde actuaba o tenía influencia el Frente Guerrillero Augusto Cesar Sandino (FGACS).

El desarrollo de la fuerza estratégica en el altiplano estaría facilitado por las acciones de sabotaje que ejecutaría el frente de la costa, escenario principal de la economía guatemalteca, y donde se asumía que el Ejército no podía reprimir masivamente porque con ello precipitaba la crisis. No obstante, se vería obligado a concentrar fuerza allí, lo que le implicaba dispersarla a nivel nacional y, sobre todo, reducir su capacidad de responder al desarrollo del EGP en la montaña.

El problema fue que en el altiplano (llamado la montaña por el EGP) el Ejército estableció entes locales de carácter interinstitucional trató de hacer ágil y eficaz la acción del Estado e implantó estructuras para captar a la población (Polos de desarrollo). Además de las actividades cívico-militares tradicionales en todos los ejércitos, en las distintas localidades.

La capital era un centro nervioso con múltiples funciones: agitar, organizar, sabotear, desgastar al enemigo y, en última instancia, preparar las condiciones para una insurrección urbana que coronaría todo el esfuerzo de guerra popular .

El punto neurálgico de la estrategia del EGP era hacerse fuerte en el altiplano densamente poblado; es decir, en el área encomendada al FGACS. Por eso, al desarticular este frente y al someter a la población o ponerla de su lado, el Ejército derrotó la estrategia del EGP, pero no destruyó a esa organización ni tampoco a las otras integrantes de URNG. Lo que hizo, expresado en los términos que le escuché a un oficial, fue «quitarle a la guerrilla la capacidad de desafiar al poder militar del Estado».

Mario Payeras, un hombre con una profunda vocación intelectual, que estudió filosofía en la universidad de Leipzig y contaba con una sólida formación marxista, dedicó mucho de su tiempo a desentrañar la lógica de la estrategia del Ejército. Según su opinión, lo que éste hizo fue crear los medios para impedir que se produjera lo que el EGP pretendía. Ellos tenían el cuadro perfectamente claro. Sabían que el objetivo fundamental de su enemigo era dispersarles sus fuerzas.

Desde esa lógica, lo primero que hicieron fue golpear a la guerrilla urbana. La redujeron al mínimo y llevaron casi a la inacción al Frente Otto René Castillo que operaba en la capital. A la par, e indudablemente con la ayuda de los infiltrados, desarrollaron exitosamente el operativo para capturar los famosos reductos guerrilleros.

De esta forma lograron interrumpir el trabajo logístico del movimiento revolucionario y, simultáneamente, le arrebataron las armas de largo alcance que había logrado introducir al país. Haber dejado a la guerrilla con meras armas de infantería le daba una enorme ventaja para enfrentarla militarmente, como ocurrió al sur de Quiché.

Durante todo el año 1980 y parte de 1981, la guerrilla quemó cultivos de caña de azúcar y realizó otras acciones en distintas zonas de la costa del Pacífico y se creía que lo planificado avanzaba como correspondía. Sin embargo, el Ejército encontró la fórmula para desarticular también ese frente de guerra sin acudir a la represión masiva. Realizaron una producción efectiva de inteligencia militar

Neutralizado el "llano", el ejército se dedicó a la "montaña". Payeras definió un nuevo concepto: dijo que en el movimiento revolucionario, más que una estrategia, era un diseño unilateral de propósitos, en el que todo parecía tener una perfecta coherencia, pero no tomaba en cuenta la reacción del adversario.

No contemplaba vías alternas. Daba por hecho que las cosas iban a ocurrir como estaban planteadas. Y el Ejército, con su capacidad de planeación y ejecución, se las arregló para impedir que funcionara. Además, una cosa era que los pasos y los objetivos estuvieran en el papel, y otra que se tuviera la capacidad o la voluntad de ejecutarlos.

En lo político, por ejemplo (de la guerrilla), en vez de realizar acciones que mostraran la necesidad de aislar al adversario para lograr un gobierno popular y democrático, se decidió instalar bombas en las torres financieras del Banco Industrial y en el edificio de la Cámara de Comercio, sin pensar que ambas instituciones aglutinaban a grandes y pequeñas industrias, así como tenderos de los pueblos junto con los grandes supermercados; es decir, sectores con los que se suponía que era conveniente establecer alianzas. Lejos de aislar al Ejército lo que se hizo fue fortalecer la alianza de éste con sectores estratégicos.

La estrategia del Ejército guatemalteco indudablemente no tenía la erudición de los revolucionarios. En su concepción podía tener debilidades, pero el Ejército contaba con las estructuras, los medios, los oficiales y la capacidad de su tropa para implementar su estrategia a fondo. El general Alejandro Gramajo cuenta en su libro De la Guerra a la Guerra cómo, frente a una determinada situación, le pedían a la sección de inteligencia que les preparara tres escenarios. Con base en ellos, a la mañana siguiente convocaban al mando, tomaban la decisión, y en la misma tarde daban las órdenes a las fuerzas de tarea. Mientras en el EGP, para que la Dirección Nacional tomara una resolución y ésta se conociera en los frentes del Quiché, pasaba por lo menos un mes.

Fuente: Porras Castejón, Gustavo. Las huellas de Guatemala. Guatemala: F&G Editores, 2009, 3era. edición.

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