8 de octubre de 2008

Incremento del Efectivo disponible y creación de destacamentos militares


¿Es suficiente incrementar el efectivo militar o crear destacamentos militares en las comunidades para resolver el problema de la inseguridad?

La seguridad es un Objetivo Nacional Permanente en cualquier Estado del mundo. Es ya conocido que – especialmente en Latinoamérica – los ejércitos han sido involucrados paulatinamente en la seguridad ciudadana. Guatemala no ha sido la excepción y la política de seguridad de los diferentes gobiernos desde la firma de la paz en 1996, ha sido emplear al ejército en mayor o menor medida en la “seguridad interna”.

Es comprensible que el recrudecimiento de la violencia, el accionar del crimen organizado y de las bandas de narcotraficantes – como en otras épocas y como sucede en cualquier otro país del mundo – obligue a las autoridades a tomar medidas activas.

Una de estas medidas fue la creación de los Batallones de Seguridad Ciudadana que participan en apoyo a la Policía Nacional Civil. Independientemente de las diversas opiniones sobre la eficacia y los resultados de esta medida, la ciudadanía ha expresado más confianza en las unidades militares que en las autoridades civiles para proveer seguridad.

De julio a septiembre, un total de ochenta y nueve poblaciones han solicitado la presencia de unidades militares en sus comunidades para proveer seguridad. Desde inicios de septiembre, el gobierno consideraba la posibilidad de aumentar el efectivo militar para satisfacer esta “demanda ciudadana”.

Pareciera que la confianza en el ejército y el clamor por su participación en la seguridad fuera beneficioso para una institución aún criticada por diversos sectores, pero es oportuno analizar importantes condicionantes para la eficacia de su empleo en este campo.

¿Solucionará el problema de la violencia y accionar del crimen organizado el incremento de efectivo y la ubicación de destacamentos militares en las comunidades?

Durante el enfrentamiento armado interno que duró oficialmente 36 años, la tarea de combatir la amenaza que intentaba tomar el poder y establecer un sistema “diferente”, fue dejada exclusivamente al ejército. Esto pese a que el esfuerzo debió llevarse a cabo organizadamente y como política de Estado en todos los campos del poder nacional (económico, político, social) y no solo el militar. Por supuesto que en el desenlace final ya conocido, solo hay señalamientos – más negativos que positivos – en contra de la expresión militar.

Esto lleva a reflexionar la cuestión de lo “importante y lo urgente”. Los planes estratégicos resuelven los problemas importantes. Las medidas – reactivas – resuelven lo urgente. La desventaja es que las medidas estratégicas lleva años ver sus frutos; y a veces (como este caso) se necesita también de las medidas urgentes porque el problema de la inseguridad es real.

Pero si nuevamente, se pretende que sea el ejército el que mejore la percepción de seguridad, creando destacamentos militares o incrementando el efectivo, los resultados son discutibles. Tampoco es una solución única incrementar policías y comisarías, aunque estas gozaran de la renovación de la confianza de la población (proceso que llevará unos veinte años si se comienza a trabajar hoy en una carrera policial).

Paralelo al incremento de efectivos, sean estos policiales o militares para la seguridad ciudadana, se necesita el involucramiento de todas las expresiones del poder en la tarea de la seguridad. Es decir, que no solo hay que fundar un destacamento militar o una comisaría en una aldea, sino llevar fuente de trabajo, educación y salud a esa misma aldea, legislar en este sentido, desarrollar programas, facilitar la inversión para generación de empleo y hacer que el sistema de justicia alcance esta aldea. Todos reconocen hoy que La raíz del problema de la inseguridad es “principalmente” social.

Debe cuidarse de no cometer el mismo error del enfrentamiento armado interno y creer que abrir destacamentos militares solucionará el problema de la inseguridad. La tarea urgente de la seguridad no es exclusiva del ejército, será una herramienta, pero no su misión.

Para el Lic. Mario Ardón, catedrático en la Escuela de Altos Estudios Estratégicos del Comando Superior de Educación del Ejército, cuando el artículo 244 de la Constitución Política de la República de Guatemala se refiere a la participación del ejército en la seguridad interna, debe interpretarse exclusivamente para casos de: insurrección, rebelión o revolución. Estos son los únicos casos en que la capacidad de las fuerzas de seguridad civil ha sido rebasada. Es un error calificar como “sobrepasada” la capacidad de la fuerza policial por el mero incremento de violencia, de delitos, de accionar de bandas. Cuando dichas bandas no tengan necesidad de ser clandestinas y se ubiquen geográficamente para hacerle frente al gobierno, entonces la capacidad del Estado habrá sido sobrepasada. Lo que se necesita es incrementar la capacidad policial para contrarrestar las capacidades de la delincuencia común u organizada.

En México también es considerado el ejército como una institución confiable y el Presidente de la Comisión de Derechos Humanos del DF ha instado a mantener la credibilidad de dicha institución, no involucrándolo en tareas de seguridad ciudadana; sino mantenerlo integro, entrenado y sin contaminar, para ser empleado como último recurso, como podría ser un estado de excepción (decretado en caso de: insurrección, rebelión o revolución y no tan solo porque un grupo de ciudadanos, aunque con violencia, pero con peticiones, descontentos y desarmados toman las instalaciones de un mercado o un edificio municipal).

La seguridad como objetivo nacional permanente mejorará con un esfuerzo integral, en todos los campos del poder nacional y la participación de los tres poderes del Estado. Incrementar efectivos militares o policiales implica necesariamente la inversión en equipo, comunicaciones y movilidad. Todo esto tiene un alto costo financiero.

Si tomará años fortalecer la Policía Nacional Civil y se necesita con urgencia apoyar la fuerza policial actual con unidades militares, es recomendable destinar unidades militares específicas para esta función (como los actuales batallones de seguridad ciudadana) pero con el respaldo legal respectivo para que participen activamente y no sólo “en apoyo de”. El resto de unidades regulares y especiales del ejército debe dejarse en reserva para estados de excepción o ser empleadas en el ámbito de la Defensa Nacional según la política respectiva.

6 comentarios:

  1. pensar en seguridad implica pensar en tres aspectos así: un bien a proteger, una amenaza y el nivel de cobertura que se ha de dar al bien que se pretende proteger.
    Se preocupan por la amenaza el individuo y el Estado, uno por supervivencia y otro por ser la razon de su existencia.
    Ambos son resonsables proteger la vida, la libertad, el trabajo, etc.
    Si el individuo asume su responsabilidad para el Estado sera más facil cumplir la suya.
    Mas soldados con el respaldo de más individuos comprometidos con cumplir y hacer cumplir las leyes dara como resultado seguridad.

    Megue

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  2. La Constitución Política de la República, que no es otra cosa que el pacto de paz social que rige entre nosotros, establece como responsabilidad del Ejército de Guatemala no sólo la seguridad externa, sino también la seguridad interna del Estado. Tal es el mandato de la ley y, la ley, debe cumplirse.


    Artículo de Acisclo Valladares en El Periódico, 26 de enero de 2009

    El ejército de Guatemala contaba con comisionados militares hasta en las últimas aldeas y caseríos y, en muchos de ellos, era la única presencia del Estado. Concluido el conflicto armado, los comisionados militares fueron suprimidos y no se ha dado, hasta la fecha, ninguna autoridad que venga a sustituirlos. Se hizo el vació, y el vacío, persiste… El Estado resulta simplemente ausente en múltiples sectores del territorio nacional.

    El servicio militar hizo de muchos guatemaltecos, hombres de bien. ¿Dónde está hoy el servicio militar y social? ¿Dónde, al menos, el servicio social, tan cacareado? Parece que somos buenos para desmantelar instituciones, pero no para constuirlas.

    El Gobierno del Presidente Berger apuntilló al Ejército de Guatemala y por eso resulta alentador que el Presidente Colom se haya percatado, y restablezca, el importante papel que le compete – tal el mandato constitucional expreso, en la seguridad interna del Estado. Que se haya percatado, y que actúe en consecuencia. Una buena pregunta, para aclararnos todo, amigo lector ¿Para qué el Estado y, para qué, las instituciones del Estado, lo que incluye al Ejército?

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  3. Acisclo Valladares

    El periódico 26 de enero de 2009



    El artículo 244 de la Constitución Política de la República establece textualmente: "El Ejército de Guatemala, es una institución destinada a mantener la independencia, la soberanía y el honor de Guatemala, la integridad del territorio, la paz y la seguridad INTERIOR y exterior."

    Tal es la ley y la ley, debe cumplirse. Punto.

    Si no nos gusta la norma deroguémosla, modifiquémosla, sustitruyámosla pero, en tanto que eso no ocurra ¡CUMPLAMOSLA!

    Esa, y no otra, ha sido, mi posición de siempre.

    Hacer lo mismo y pretender resultados distintos conduce a la demencia dirigencial pero, estimo que, hacer lo mismo sería, precisamente, persistir en el incumplimiento de las normas y, sin embargo, pretender resultados distintos.

    Si la Constitución manda que el Ejército de Guatemala, entre otras cosas, está destinada a mantener la seguridad interior ¡Que lo haga!

    ¿Por qué habría de conducirnos el incumpolimiento de las leyes, lo que siempre hemos hecho, a resultados distintos?

    LA DIFERENCIA DEBE SER EL CUMPLIMIENTO DE TODAS Y CADA UNA DE LAS LEYES Y, EN CONSECUENCIA, EL CUMPLIMIENTO DE LA FUNCION CONTITUCIONAL QUE LE COMPETE, SUPEDITADO AL PODER CIVIL DE SU COMANDANTE GENERAL, EL PRESIDENTE DE LA REPÜBLICA ELECTO POR NOSOTROS, Y QUIEN REPRESENTA LA UNIDAD NACIONAL Y IORRESTRICTO CUMPLIMIENTO DE LAS LEYES.

    Lo que se dio, entonces, fue el atropello de la ley. No es la función, entonces, el problema, sino la forma de ejercitarla. Propugnar por el incumplimiento de la ley -ALLI ESTA - es propugnar, precisamente, porque continuemos en lo mismo.

    Tal es mi punto de vista y, curiosamente, EL DE LA LEY.

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  4. Se ha anunciado que el número de efectivos del Ejército –supuestamente 15 mil, y que no llega a 14– habrá de incrementarse hasta el mínimo que resulte necesario, para cumplir con sus funciones. El número, sin embargo, no es el único factor y ni siquiera, el más importante.

    Columna de Acisclo Valladares 27 de enero de 2009

    Tampoco lo son el equipamiento, o la tecnología siéndolo, en cambio, la moral de sus oficiales y soldados.

    Pocas evidencias tan claras del estado lastimoso en que vino a encontrarse el Ejército como aquella que se diera, durante el Gobierno pasado, cuando se paralizaron las consultas externas de los hospitales nacionales. Se anunció entonces, la situación resultaba insostenible, que se haría este cargo, de la emergencia habida. ¡Vaya, me dije, al fin el Ejército de Guatemala vuelve por sus fueros! y, así, con esa impresión, me permití acercarme al Campo Marte, lugar en que, supuestamente, prestaba los servicios. Pensé que me encontraría con todo un campamento, debidamente organizado pero, ¡malaya, mi vida!, lo que encontré fue, ni más ni menos, que hacía el ridículo. Una sola carpa, rascuache, y tres pelones… El Ejército de Guatemala, en semejante emergencia, se hacía cargo del servicio.

    Ya podrán imaginarse ustedes lo que llegó a representar, y representa –atenidos a lo que ocurriera entonces-, cualquier anuncio de que el Ejército de Guatemala pudiera prestar servicio alguno o el más mínimo apoyo, a las otras instituciones del Estado, las fuerzas policiales, por ejemplo…¿Habría de hacerlo ahora, con la misma “eficiencia”?

    El Ejército de Guatemala, con graves excesos, a falta de que lo hicieran las autoridades civiles del Estado, incapaces como fueron de dotarlo de las leyes que le permitieran defenderse, con la ley en la mano, y de castigar siquiera, tan solo uno de los gravísimos crímenes que fueron perpetrados, libró –y ganó– la batalla de la democracia que hoy vivimos y lejos de sentirse culpable –lo que tampoco justifica los excesos– debe de tomar conciencia de que hubo de asumir la defensa del Estado, en solitario.

    Dada la inseguridad que priva, el Ejército de Guatemala está llamado a cumplir con una misión trascendental y resulta correcto que su Comandante en Jefe, el Presidente de la República, haya vuelto por sus fueros. Cabe hacer, en todo caso, dos importantes prevenciones: no debe asumir, bajo circunstancia alguna, responsabilidades que no le corresponden¡El ingrato pago, está a la vista, y no debe repetirse! Y la segunda: jamás debe de incurrir en exceso alguno, que las armas tienen que rendirse ante las leyes. El Comandante General del Ejército es un civil y este civil representa, nada más y nada menos, que la unidad nacional, un extremo que jamás debe olvidarse, como tampoco que el Estado se organiza para proteger al ser humano y la familia y que esa –y no otra– es su única razón de ser. ¿Será que seremos capaces de cumplirlo? El Ejército, por mandato constitucional expreso, debe preservar –mantener– no sólo la seguridad externa sino, también, la seguridad interna del Estado.

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  5. El presidente Colom presupone que la pobreza es causa de criminalidad. El presidente Álvaro Colom declaró que no habrá criminalidad cuando ya no haya pobreza, y que la terrorífica inseguridad pública persistirá aunque nos llenemos de policías y soldados.

    Jamás declaró (en su campaña política) que la causa de la criminalidad era la pobreza y que, por consiguiente, no podría combatirla con policías y soldados, aunque ahora anuncia que contratará miles de agentes policiales adicionales, y lamenta que el número de soldados haya disminuido. Quizá cree que un mayor número de policías y de soldados contribuirá a reducir la pobreza.

    Artículo de Luis Enrique Pérez en Diario Siglo XXI del 7 de febrero de 2009

    Manuel Hidalgo Pérez - Estados Unidos

    Qué difícil es, para algunas personas, entender la tesis del columnista. No digo aceptarla, o no estar de acuerdo con ella. Habla de entender. Afirma él que la pobreza no es la causa de la delincuencia, porque también los ricos cometen delitos. Es evidente, por lo menos para mí. Afirma también que ninguna hipótesis, como dice él, sobre la causa del crimen, ha sido comprobada. No puede decirse, entonces, que la pobreza es la causa de la delincuencia, porque esta hipótesis no ha sido probada. Creo que el columnista quiere decir que el presidente Colom no debe suponer que la pobreza es causa del crimen, porque no está comprobado que así sea. El artículo invita a reflexionar. Habría que conocer las otras hipótesis, y las pruebas que aducen quienes las sostienen.

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  6. Un ejemplo sobre el crimen que "sobrepasa" la capacidad de las fuerzas de seguridad:
    El estado de emergencia decretado en Jamaica

    Si una banda criminal llega a "capturar terreno", es decir, pone barricadas en una serie de calles limitando el acceso y circulación de civiles y autoridades, ya se puede hablar de que la capacidad de las fuerzas de seguridad ciudadana fue sobrepasada.

    Entonces entra en acción la fuerza de seguridad pública (ejército y policía), pero si ésta ya lleva dos días de combate sin poder someter a los delincuentes empieza a cuestionarse su capacidad también.

    Los planes deben considerar escenarios como el que se está presentando en Jamaica, con el objeto de estar preparados.

    La crisis empeora cuando la población civil apoya a las bandas narcotráficantes

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