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19 de septiembre de 2020

Militarización y militarismo

Daira Arana es Maestra en Seguridad. En 2019 participó en un panel donde expone parte de su tesis sobre estos temas y nos ofrece la diferencia entre militarización y militarismo haciendo énfasis en sus consecuencias. Aunque lo comenta para el caso de la creación de la Guardia Nacional en México recrea momentos de la evolución de los roles militares en Latinoamérica.

Alejandro Hope escribió un artículo donde evalúa el grado de empleo de fuerzas armadas en México y plantea cuatro hipótesis del por qué ocurre esto: Afinidad ideológica; estilo de conducción centralizada y jerarquizada por parte del presidente; menos procesos burocráticos para desarrollo de proyectos políticos que si los realizaran a través de entidades civiles la ley impone requisitos adicionales y complejos; el presidente teme un golpe de estado y consolida su poder alrededor del ejército.

Daira Arana propone una quinta hipótesis: Interés de la élite militar. 

La cuarta hipótesis de hope, fue aplicada en la mayoría de países de Latinoamérica desde la guerra fría y en cierta medida se mantiene, especialmente en momentos de crisis nacional, desestabilización y protestas.

Yo propongo una sexta hipótesis: Los presidentes acuden a la fuerza militar por la eficacia para cumplir la misión debido a su formación profesional desde la academia. El desempeño del cuerpo profesional de oficiales hace, generalmente, diferencia en alcance de metas o misiones asignadas comparado con otras instituciones.

No se puede negar por épocas la existencia de un interés de lo que Daira Arana llama "interés de la élite militar". Este interés ha sido de dos clases: interés institucional genuino por tratar de mantener la presencia y vigencia de los militares en los ámbitos de la función del poder ejecutivo o un interés personal no ético que se olvida del desarrollo institucional militar.

El primero se resuelve al interpretar la misión constitucional y demás leyes vigentes. Aunque impulsa dicho interés los intentos rezagados que persisten desde la guerra fría que mantiene la lucha entre ideologías izquierdas y derechas que insisten en suprimir los ejércitos.

El interés personal no ético de élites militares, ha sido evidente al resultar involucrados en casos de corrupción 

En el caso guatemalteco ha sido el poder político quien decide emplear al factor militar igual que en México. Arana propone que hay una diferencia entre apoyo de la fuerza militar a la fuerza civil a la que llama militarización y la penetración de militares en la esfera de conducción política permanente para organizar los proyectos de gobierno, a lo que llama militarismo.


Los gobernantes electos democráticamente en Guatemala desde 1996 han valorado la lealtad del militar. Incluso presidentes que antes de ser electos manifestaron diferencias o animadversión hacia los militares, o cuyos partidos políticos llevaban cierta ideología, terminaron apoyándose en los militares para muchas funciones. De allí el espacio de maniobra, que muy probablemente por consejo de sus asesores militares en activo o en retiro, los presidentes le dieron a la militarización o al militarismo.

En tiempo de paz, ante amenazas del crimen organizado o fenómenos naturales, los países en desarrollo tendrán algún grado de necesidad de emplear al factor militar en algunos roles. El mando militar tiene la oportunidad de aplicar los valores militares de su formación profesional al asesorar al presidente objetivamente en el grado de militarización que se requiere o encausar una conducción política orientada al militarismo por la existencia de intereses personales. 

En los escalones militares estratégicos, atreverse a expresar a un presidente una opinión franca para el interés nacional es una muestra muy convincente de la ausencia de intereses personales. Lo contrario es decir SI a todo sabiendo el militar que habrá consecuencias que desencadenan terribles críticas o desprestigio para los militares.

De lo que puede estar segura la población es que en los escalones militares tácticos, los que están en contacto con la población, la actitud de servicio es genuina sin importar el grado de incidencia a alto nivel de la quinta hipótesis.

El esquema de la disertación puede verse aquí

El video de la disertación de Daira Arana pude verse aquí.

18 de mayo de 2020

Roles militares en el siglo XXI

General (R) Juan Carlos Gomez (Colombia)

Roles militares en América Latina, fue el panel presentado por el Teniente General (R) Frederick Rudesheim actual director del William J. Perry Center For Hemispheric Defense Studies en el marco de la 5 conferencia virtual de seguridad hemisférica. La pregunta del panel: ¿Cuál es la situación actual de los roles militares en el hemisferio? ¿Cómo se diferencian o como se encuentran dichos roles entre la seguridad y defensa de los países?
A continuación el resumen del primer panelista: General (R) Juan Carlos Gomez del CICR Delegación Regional México de nacionalidad colombiana.
El General Gomez presentó su punto de vista con respecto a todas las fuerzas armadas del hemisferio.
Hay tres razones para que a la fecha las fuerzas armadas de los países de América Latina mantengan roles activos en diferentes campos: 1. El alto nivel de violencia en los países. 2. El creciente descontento social de la población contra el desempeño de sus instituciones. 3. El papel clave, pronto y seguro con el que las fuerzas militares intervienen en gestión de riesgos y reacción ante desastres por medio de sus capacidades diferenciadas.
Así mismo cuatro características de las fuerzas armadas de la región por las cuales, en su opinión, los gobiernos siguen empleando a los militares:
Fortaleza institucional: La vocación militar provee al ciudadano disciplina y valores que le hacen confiable (a él y a sus subordinados) ante la población. La estructura organizacional militar permite una ágil reacción gracias a su estructura logística. Son menos vulnerables a la corrupción y complicidad con el crimen organizado.
Responsabilidad: El actuar de un militar está apegado a la ley con la lección aprendida de los errores del pasado reciente durante la guerra fría en que regía la estrategia de seguridad continental.
Riesgos superados: Los militares hoy día están capacitados y entrenados para el respeto de los derechos humanos, el uso de la fuerza legal para mantener el estado de derecho y un bien forjado esquema de valores desde la formación y reforzado durante los procesos de profesionalización durante la carrera.
El futuro de los roles militares: La población tiene confianza en sus fuerzas armadas que constituyen el alma del Estado para preservar el orden constitucional. Las nuevas amenazas y desafíos a la seguridad necesitan un enfoque multidimensional en donde no se puede prescindir de las capacidades militares, por tanto, es necesario que cada Estado les mantenga equipados y entrenados.
La planificación estratégica de los Estados debe incluir el fortalecimiento de las capacidades para la producción de inteligencia y emplear todas las fuerzas disponibles para dar seguridad a los ciudadanos, incluyendo las fuerzas militares en las seguridad pública y nacional.

30 de enero de 2020

Sobre Insurgencia Criminal


Características de una insurgencia criminal:

  • Se revela contra la autoridad legal/orden público
  • Posee: base social (apoyo y/o manipulación de población).
  • Organización
  • Control en un área geográfica
  • Administra/obtiene fondos
  • Posee armamento para cometer ilícitos.

Hoy se publicó un artículo con características de las pandillas o maras. Los puntos del artículo de Gutierrez son:

  • Las maras ejercen poder a través de la coacción y mediante formas a veces en extremo violentas.
  • Se organizan en los territorios para extraer forzosamente y de manera sistemática una tajada de las rentas de la población.
  • Su lenguaje es brutal.
  • Quien no paga, muere (o huye).
  • La extensión de sus territorios refleja la competencia con otras maras, crimen organizado, fuerzas de seguridad y pobladores de autodefensa.
  • Formas de organización estables y complejas.
  • Las jerarquías y división del trabajo no están escritas, pero funcionan con sorprendente disciplina y eficacia.
  • Encierran una subcultura que incluye sus propios dialectos, formas de vida, maneras de vestir y distintivos corporales (tatuajes, cortes de pelo) como rasgos de identidad.
  • Sus ceremonias de iniciación, como en las sociedades secretas, se sellan con sangre.
  • No persiguen –hasta ahora– fines políticos
  • Son cada vez más conscientes del significado de ejercer un poder territorial que arrebataron al Estado.
  • Su relación con los agentes de seguridad bajos y medios, es conflictiva y corrupta.
  • Las cárceles, donde guardan prisión sus líderes, son el punto neurálgico de las extorsiones.
  • Las maras están por lo regular en la base de la pirámide social.
  • Su economía es de consumo, aunque en ciertos casos forman capital que pueden invertir en negocios
  • Reprimirlos les despierta un instinto feroz de supervivencia y sus estructuras cierran filas.

Los narcotraficantes en cambio

  • Están de la mitad hacia arriba de la pirámide social.
  • Manejan insospechados volúmenes de dinero
  • No extraen de la sociedad sino del negocio ilícito transnacional.
  • Su relación con las autoridades es de igual o mayor poder, incluyendo los altos mandos.
  • Capaces de cooptar a los pobladores e inocular el sistema político y económico con sus cuantiosos recursos.

Conclusiones

  1. Declarar la guerra a las maras es popular en el corto plazo, pero insostenible.
  2. En esencia es seguir ejecutando mareros u otros delincuentes (ahora tipificados de terroristas), pero sin consecuencias penales para los elementos de seguridad.
  3. Una lección mal aprendida de las desbordadas campañas de “limpieza social” del 2004-7 y su secuela: el insólito procesamiento penal del exministro Vielmann y varios de sus mandos operativos.
  4. Por cierto, esas escandalosas batidas condujeron a la repentina e inesperada aprobación del acuerdo de la CICIG en el Congreso.

Comentario final

Para limitar, reducir, eliminar las capacidades criminales de las maras, debe profesionalizarse (adaptación, transformación, modernización) la PNC y la Guardia Penitenciaria.

  • Protección social
  • Estructuras institucionales con mejor gestión y reconocimiento del mérito
  • Soporte informático eficiente
  • Equipamiento pertinente
  • Sistemas de control interno y externo.

En materia de seguridad (y desarrollo) no hay milagros, hay procesos que, sostenidos, resultan exitosos y generan sinergias en un relativo corto plazo

TEXTO COMPLETO
En seguridad no hay milagros, pero sí procesos exitosos.
Por: Edgar Gutiérrez

Después de 40 años de lidiar con las maras, hay que concluir que con las estrategias empleadas resultan intratables e irreductibles. La dimensión del fracaso es proporcionalmente inversa a la amenaza que han llegado a representar para la sociedad.
Las maras ejercen poder a través de la coacción y mediante formas a veces en extremo violentas. Se organizan en los territorios para extraer forzosamente y de manera sistemática una tajada de las rentas de la población. Su lenguaje es brutal: quien no paga, muere (o huye). La extensión de sus territorios refleja la competencia con otras maras, crimen organizado, fuerzas de seguridad y pobladores de autodefensa.
Han adquirido formas de organización estables y complejas. Las jerarquías y división del trabajo no están escritas, pero funcionan con sorprendente disciplina y eficacia. Encierran una subcultura que incluye sus propios dialectos, formas de vida, maneras de vestir y distintivos corporales (tatuajes, cortes de pelo) como rasgos de identidad. Sus ceremonias de iniciación, como en las sociedades secretas, se sellan con sangre.
Las maras son secuela del fracaso social, trágicamente convertido en una seria y extendida amenaza criminal. No persiguen –hasta ahora– fines políticos, aunque son cada vez más conscientes del significado de ejercer un poder territorial que arrebataron al Estado. Su relación con los agentes de seguridad bajos y medios, es conflictiva y corrupta. El ejemplo obvio es que las cárceles, donde guardan prisión sus líderes, son el punto neurálgico de las extorsiones.
Los narcos manejan insospechados volúmenes de dinero, propiedades y demás que no extraen de la sociedad sino del negocio ilícito transnacional. Su relación con las autoridades es de igual o mayor poder, incluyendo los altos mandos. Las maras, en cambio, están por lo regular en la base de la pirámide social. Su economía es de consumo, aunque en ciertos casos forman capital que pueden invertir en negocios, los cuales, a la vez, les sirven como fuentes de información útil para el despliegue de sus actividades delictivas. Por el sitio que ocupan en la escala social y su relación hosca con los vecinos, la represión despierta un instinto feroz de supervivencia y sus estructuras cierran filas. Es una reacción distinta a la de los narcos, capaces de cooptar a los pobladores e inocular el sistema político y económico con sus cuantiosos recursos.
Declarar la guerra a las maras es popular en el corto plazo, pero insostenible. Las iniciativas de ley 592 y 593 (reformas del Código Penal) enviadas la semana pasada al Congreso, son retoques de estrategias fallidas en los países del norte de Centroamérica. En esencia es seguir ejecutando mareros u otros delincuentes (ahora tipificados de terroristas), pero sin consecuencias penales para los elementos de seguridad. Una lección mal aprendida de las desbordadas campañas de “limpieza social” del 2004-7 y su secuela: el insólito procesamiento penal del exministro Vielmann y varios de sus mandos operativos. Por cierto, esas escandalosas batidas condujeron a la repentina e inesperada aprobación del acuerdo de la CICIG en el Congreso.
Si Giammattei quiere erosionar las capacidades criminales de las maras, debe empezar en casa profesionalizando la PNC y la Guardia Penitenciaria, esto es, por ejemplo, redefinir la doctrina, establecer mayores requerimientos de ingreso, sistemas de formación modernos y permanentes, protección social, estructuras institucionales con mejor gestión y reconocimiento del mérito, soporte informático eficiente, equipamiento pertinente y sistemas de control interno y externo.
En materia de seguridad (y desarrollo) no hay milagros, hay procesos que, sostenidos, resultan exitosos y generan sinergias en un relativo corto plazo.

19 de marzo de 2017

La arraigada idea en la cultura guatemalteca que el militar es la solución para todo



La arraigada idea en la cultura guatemalteca que el militar es la solución para todo. Idea que persiste en civiles por tradición y en militares por formación. Prensa Libre hace la reseña en esta fecha de los treinta y cinco años del último golpe de Estado. Tal y como se lee, los militares vieron una problemática y decidieron resolverla, no cabe duda que con la complicidad de civiles.

No se cuestiona aquí el hecho, cuyas consecuencias pudieron ser hasta hoy positivas o negativas según la perspectiva con que se quiera ver. El análisis es la arraigada idea en la cultura guatemalteca que el militar es la solución para todo, ya sea heroísmo desde lo interno de sus filas o manipulado desde afuera (civiles de élite).

Luego de aquel hecho, hubo dos intentos de golpe de Estado (de nuevo por militares), uno en 1988 y otro en 1989. Y esque no a todos los militares parecía bien que el ejército, comenzaba a sujetarse al orden constitucional y Estado de Derecho vigentes, e intentaba retomar los roles que realmente le corresponden – y honestamente porque íbamos hacia la paz –.

En 1993, de nuevo, civiles y militares deciden poner coto a eventos políticos por medio de eventos políticos. Se conoció al final como “el serranazo”.

Se enfila la recta final hacia la paz. Los medios repudian lo militar y los mismos medios presentan encuestas de popularidad donde elogian lo militar. Luego de alrededor de dieciocho años de presión y crítica internacional hacia lo militar se llega a la firma de la paz en 1996.

Acuerdos de paz y opinión en los medios, celebraban el retiro de los militares a sus cuarteles/roles. Sin embargo el mismo gobierno que firma la paz, llama de nuevo a los militares hacia finales de 1997 para iniciar el apoyo a la policía.

Por su parte en 1998, el ejército funda el Comando de Educación y Doctrina CEDOC, que buscaba dar ese giro a la doctrina contrainsurgente, exigida por los acuerdos de paz y diferentes sectores de la sociedad.

Pero en 2000, un decreto del  Congreso de la República ordena el apoyo militar a la policía. La ola de críticas desde el congreso de Estados Unidos de América EUA se recoge en los medios escritos de la época. Se remarcan las sanciones de ayuda militar por aquel país y la crítica anti militar aflora en las columnas de opinión.

En 2003, el ejército lanza su nueva doctrina. Se reformó el entrenamiento y la educación. A nadie interesó. Las críticas continuaron.

En 2004 un recién electo presidente – a ocho años de la firma de la paz – decide reducir al ejército con los consiguientes efectos, que pueden recogerse en múltiples referencias  Por ejemplo, de 2008 a 2010 hubo necesidad de decretar estados de excepción en base a la ley de orden público para contener el crimen organizado.

Dos años después de esta reducción, en 2006, ese mismo gobierno decide emplear al ejército en apoyo – ¿otra vez? – a la policía. Se crean los Escuadrones del Cuerpo Especial de Reserva para la Seguridad Ciudadana CERSC. Nuevamente aumenta el número de efectivo militar y se formaliza que también participen en el sistema penitenciario.

Ni la policía ni el ejército tienen un respaldo legal en el ejercicio de su función, como funcionarios encargados de hacer cumplir la ley, si en caso hacen uso de su arma de fuego para defender la vida de otros ciudadanos o su propia vida.

El CERSC desde su creación, empieza a ser empleado en apoyo de la policía para la seguridad ciudadana pero también para asuntos de conflictividad social, que por cierto no se arreglan con uso de la fuerza sino con presencia del Estado, fuentes de empleo, educación y acceso a salud – por decir algunos – pero la urgencia/presión del “orden público”  obligó a optar por la solución más rápida: Represión legal (desalojos, erradicación de cultivos ilícitos de la población etc.) con apoyo de militares.

Pero entonces surge una luz al final del túnel. Y fue que, paralelo a los esfuerzos de lucha contra el crimen organizado (2008 a 2011), el alto mando tuvo disposición a encaminar los procesos de transformación y modernización militar – anunciados desde la reducción de 2004 –. También se aclaró que lo militar no tenía ninguna intromisión ni influencia sobre los procesos de investigación sobre violaciones de derechos humanos. Esto hizo que EUA – único interesado en donar medios para modernización militar – analizara la transformación militar en doctrina, cambios en mentalidad militar, respeto de la ley y de los derechos humanos, y decide, iniciar una seria intención de reanudar el apoyo restringido desde 1978, mediante el cumplimiento de ciertas condiciones.

Estas condiciones se pueden resumir en cumplir la ley. Pero ampliando un poco más: dar muestras claras de transparencia. Así que, alrededor de 2011, EUA ofrece el proyecto DIRI “Defense Institution Reform Initiative”, una iniciativa para Centroamérica que busca reformar las instituciones de defensa.

El Plan era: Si el ejército cumple la ley, acata disposiciones del organismo judicial, deja de participar en seguridad ciudadana y administra los fondos públicos de manera transparente, entonces EUA cooperará para la modernización de medios militares para que sean empleados en su función constitucional.

De esta manera, desde aquel año 2011, se sentaron las bases para establecer lo que hoy (2017) es el sistema de planificación y gestión de la defensa SIPLAGDE.

Esta muestra de voluntad, por parte de la “mentalidad militar”, permitió que en 2014, el Departamento de Defensa de EUA, incluyera a Guatemala entre los países que conforman un grupo bilateral de trabajo. Es decir, Guatemala es de los cinco países del hemisferio con los que el Departamento de Defensa de EUA, tiene pláticas directas con el Ministerio de la Defensa.





La actitud militar durante la crisis política de 2015 de mantenerse al margen, la no intervención en asuntos del organismo judicial, el entrenamiento en derechos humanos, el SIPLAGDE, y el inicio del plan para salir de funciones de seguridad ciudadana, han permitido avances en modernización militar y profesionalización de oficiales y tropa, acrecentándose más aún durante 2016, por medio de donaciones de diverso tipo – estos proyectos sin la ayuda de EUA, hubieran sido posibles sólo por medio de la asignación de presupuesto específico para la defensa, cosa que está lejos de ocurrir –.

Y aquí se retoma la idea planteada en el título de este artículo. La mayoría piensa que el ejército es la solución, pero no se le asignan los insumos presupuestarios. La policía ha declarado públicamente y promovido el plan correspondiente que da cuenta, que se encuentra en total capacidad para enero de 2018 de asumir sus funciones policiales sin apoyo militar.

Hoy por hoy, los fiscales del Ministerio Público MP, piden apoyo militar en diligencias; los alcaldes y gobernadores piden seguridad militar y no a la policía; subdirectores de departamentos de comunas, de museos, de asociaciones deportivas, de centros educativos, el sistema penitenciario, comités de vecinos, representantes de comunidades, SAT contra el contrabando, entidades ambientales; todos piden apoyo de seguridad directamente al estamento militar. ¿Soldados alrededor de centros para reorientación de niños como el hogar seguro Virgen de la Asunción? Incluso jueces han ordenado participar en estos centros, desalojos y otras diligencias.

Y el militar, acostumbrado por formación y su honor a no decir “No”, cumple con cada requerimiento con el mismo presupuesto, produciendo serias carencias a los comandantes para poder cumplir con la misión y sin el respaldo legal para los soldados si hacen uso de su arma de fuego (ver caso Alaska 2012). La misión para el ejército se extiende y adapta a conveniencia en base a la interpretación del texto constitucional.

La realidad es que Guatemala necesita un ejército que sea preponderante en el mar y el aire. Una flota adecuada en ambos mares que permita seguimiento e interceptación. Una fuerza aérea capaz de detectar e interceptar vuelos ilícitos en el espacio aéreo nacional. Estos medios aéreos y navales se emplean para detener el flujo del crimen organizado transnacional, que a su vez, es el que produce el crimen común en tierra (interior del territorio) fomentando entre otros, las pandillas.

En tierra se necesitan fuerzas militares  con movilidad y comunicaciones, pero únicamente, para interactuar en la frontera con las fuerzas armadas de países vecinos y proveer información inteligencia a la policía, que es la única facultada para combatir el crimen organizado en tierra, incluso en la zona de frontera.

Sin embargo, al final, las decisiones favorecen a lo urgente y no a lo importante. El militar que vaya a las calles, que vaya a los centros de detención penales y de niños, a los mercados, a proteger propiedad privada, apoyo al ministerio de comunicaciones, apoyo al ministerio de educación, a eventos deportivos, a las ferias, a las erradicaciones de amapola para “que enfrente” ciudadanos que defienden cultivos ilícitos, pero que para ellos representan su sustento diario ante la ausencia del Estado.


Por años el Estado fue permisivo con ciudadanos para que resuelvan sus diferencias limítrofes haciendo uso de sus armas de fuego, quien sabe si legalmente registradas; también por años un Estado permisivo para que ciudadanos se provean seguridad a sí mismos “encapuchados”, haciendo justicia por su propia mano, cometiendo ilícitos en este fin.

¿Cuál es la solución?: “Envíen al ejército”. – Esque al ejército lo respetan – y muchas otras razones como piensan ciudadanos de todos los estratos sociales.  A continuación imagen de Nuestro Diario del 19 de marzo de 2017.



Pero la verdad es que el ejército, como cualquier otra fuerza armada, está entrenado y tiene una doctrina de defensa nacional. No sólo en defensa de la soberanía frente a otro Estado sino convenientemente adecuada ahora contra el crimen organizado. De manera que el objetivo militar por excelencia en un campo de batalla, para cualquier fuerza armada es: El terreno.

Un soldado está entrenado para “capturar terreno”, avanzar mediante el fuego y la maniobra, moviéndose como parte de un equipo de combate o gran unidad táctica, en el marco del Derecho de la Guerra (Derecho Internacional Humanitario), que prohíbe atacar víctimas inocentes que no participan en una guerra.

En el marco del Derecho de la Guerra, la muerte del ejército enemigo es aceptable; pero en el marco del Derecho de los Derechos Humanos (tiempo de paz), ninguna muerte es admisible. Un soldado defendiendo a su patria se lanza al ataque aún a costa de su propia vida; en el apoyo a la policía se debe proteger la vida de todos los civiles y autoridades -- incluso de los delincuentes --, y ésta precisamente es la especialidad policial.

Es por la diferencia de naturaleza  y función institucional, de formación de sus oficiales, por tipo de entrenamiento, que un militar no debe participar en funciones policiales. Los militares actúan en equipo, los policías están entrenados para actuar individualmente. Por eso a los militares los capturan “en equipo” cuando de supuestas violaciones a derechos humanos se trata.

Conclusiones:

Busca esta reflexión, entender, por qué hoy día es necesario el fortalecimiento de cada institución de seguridad, y que cada una cumpla el rol que le compete. Ya no debiera ser una solución, que el militar cumpla o refuerce a las otras instituciones o ministerios. Los militares tienen bastante que hacer, con el presupuesto actual, en el campo constitucional que les compete.

La cooperación interinstitucional debe ser un medio, de preferencia temporal, y no un fin.

El respaldo legal del Estado para sus funcionarios encargados de hacer cumplir la ley, civiles o militares, es la mínima muestra de responsabilidad, para que este Estado logre una conjugación armoniosa del empleo de medios  para el logro de objetivos nacionales, y el factor humanos intangible de la voluntad en el servicio y la abnegación para cumplir con su deber.

El impulso estratégico de la nación, en la dirección que busca el Estado se refleja en su presupuesto; planificado por el poder Ejecutivo y refrendado con la voluntad de su poder Legislativo. Cualquier objetivo fuera o disminuido en su cantidad presupuestada, no es prioridad. 

A partir de una decisión política de este tipo, las donaciones internacionales a cambio de transparencia deberían ser bienvenidas y no señaladas como intromisión extranjera.

Hace falta reflexionar aún más sobre la tenue línea, apenas visible, que marca el cumplimiento del deber institucional de un funcionario público y el interés por complacer a la autoridad que lo nombró.

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