27 de febrero de 2009

Una pausa... dos poemas


Cuando tenía 5 años,  me sentaba a jugar junto a  mi padre quien estudiaba un poema para declamarlo. Lo transcribía de un viejo disco LP de 33 revoluciones que se llamaba “Leyendas de la Pampa”. Resultó que se me quedaron a mí dos de esos poemas. Y como no los encuentro por ningún lado en internet, los reproduciré hoy aquí.

El autor es Antonio Comas, conocido como “El indio Duarte”. Comas nació en la llanura de la “tierra de fuego” en la pampa argentina. Viajó a Colombia y en 1953 “discos fuentes” lo hizo su artista exclusivo. Grabó tres discos: Poemas Gauchos, Leyendas de la Pampa y El Duelo del Mayoral. Murió en 1965.



Hoy transcribo dos poemas, tal y como los recuerdo en la voz del autor en aquel viejo disco. La puntuación es mía, las pausas traté de representarlas con línea aparte y algunas palabras tal y como aún las recuerdo, pronunciadas por el indio Duarte.
Poema 1
“Testamento Gaucho”

Bueno mijo, según la ley,
ya somos casi, casi iguales.
Ya le ha entregado el juez el documento
que lo acredita como hombre.
De hoy en más, lo que haga,
lo que piense y lo que sienta,
tendrá que sustentarlo con su nombre,
su brazo, su plata y su conciencia.
Todita esa es la fortuna
con que a la lucha de la vida le entra
y usted sabe bien el empeño que hemos puesto
pa que al llegar a mozo las tuviera.

Mientras nos vamos acercando a casa,
onde estará su mamá, como clueca;
¿loca de ganas de abrazar al hombre
con que el cielo al final la recompensa?
le voy decir mijo las última palabras
que le guardó pa esta hora mi experiencia.
si le estorban: las oye y las olvida.
en cambio mijo si le sirven, las oye y las recuerda
pa que en esta forma
le ayude a encontrar el rumbo de este viaje largo,
bien largo que le espera.

Ser hombre, no se creerse más varón que cualesquiera,
ni de andar de reja en reja, en una dejando fama de borracho,
y en otra de manchar honras ajenas.

Las de la cantina, son pa por si acaso,
las que hay en la ventana, pa querencias;
son las que pone Dios
pa que resguarde su propio nombre en la custodia de ellas.

Ser guapo, no es andar golpiando gente
ni tampoco deshaciendo fiestas,
guapo mijo ¡es el domador!
que ve la muerte sobre al animal que muenta;
más valiente es toavía quien junto al arado, abre una velga
o se queman los fríos del invierno
o se abraza el sol de media siesta.

Cuando le toque ofertar algún servicio
que llegue su mano antes que su oferta.
La palabra y la firma no se niegan,
así le cueste soportar la vida
en lo más desgraciado de la pobreza.

Ser honrado mijo es el mérito más grande,
como no serlo: la mayor vergüenza.

Cuando le toque votar atienda bien,
cuando le toque votar, tenga presente
que en ese papelito que usted deja
deja lo más sagrado que tiene un hombre,
porque ahí deja usted su honor, su libertad y su conciencia;
y no vaya pensar que yo lo he creado a usté pa flojo,
no mijo… y escuche bien, escuche bien esta sentencia
que fue la condición de sus abuelos:

Aquel, aquel que no sabe ofender, no admite ni acepta ofensas,
nadie muere un día antes según la ley de Dios,
ni tampoco hay sangres de gallina en nuestras venas.
Pa defender la vida es el cuchillo,
pa castigar agravios la zotera,
y si un día, un extraño de su tierra
le perdiese el respeto a su bandera
¡ay si dinchalovarón! nunca más hombre,
nunca más firme el brazo ni la conciencia.

Americano, americano por raza o por orgullo,
americano a las buenas o a las malas
¡caiga el que caiga!
así llamen a su padre pa levantar el mismo su osamenta.
que el que mata, que el que mata o perece por su patria
ha cumplido las leyes de su tierra.

Poema 2
“Por la cría”

¡Oiga!
Si, a usté lo he llamado
porque supe que usté iba irse mijo.
Yo corrijo su rumbo, y es natural
si tiene gusto a sangre en la boca
lo comprendo.

Al hombre más curtido se le hace
ñudo entre el facón los dedos,
cuando le llevan la mujer querida
y lo dejan vacío por dentro.

¿Pero a qué continuar?
a qué continuar si yo le escucho
galopar su pensamiento
y al tiempo que le pido que se quede
uste muenta a caballo y hasta luego
¡vallase! vallase pa onde quiera
que yo me quedo a vigilar mis nietos.

está bien que ellos mañana o pasado
puedan sentir el amparo de su abuelo
pero no es lo menos.
no es lo mismo malcrearse en mis resongos
de que saquen en enseñanza de su ejemplo.
además, si los deja
aunque usté no quiera
siempre serán unos pobrecitos que andan
pegados al chiripa de un viejo.

pero ¿a qué continuar?
a qué continuar si yo le escucho
galopar su pensamiento
y al tiempo que le pido que se quede
uste muenta a caballo y hasta luego
¡vallase! vallase pa onde quiera
vallase a saciar en sangre sus deseos.

Pero oiga mijo,
como el viaje es algo largo
es necesario que cavemos sobre la sepultura de su madre.
Hay que cambiarle pa otro lado los hueso a la pobre finada.
Se le están viniendo encima los caminos
y cuantito descuidemos, le echan la cruz abajo
de tanto golpear contra ella los troperos.

Allí tiene una pala
¡sacúdale duro y parejo!
que yo ya estoy viejo y dichoco
pa estas faenas.
y pensar…
y pensar mijo que llevo treinta años,
treinta años costado de esta osamenta
que ha sido mi martirio y mi consuelo

¿cómo dice? ¿qué está muy dura la tierra?
¿qué parece que nunca fuera removida?
¡¿y no le estoy diciendo que son como treinta años
que hice esta zanja pa enterrar mi sueño?!

¡hunda! hunda la pala por ahi
por donde asome ese pedazo de cuero
¡tuerza, levante!
no se me ahogue en miedo.
que un hombre tan solo se marea a la hora
que se está muriendo.
está asustado porque ha visto que ha sacado
un cajón que no es de muerto.

déjeme abrir la tapa, que al abrirla
van a volar treinta años de misterio…
allí tiene: la bata florecida que perfumó mi vida,
el pañuelo, la cinta azul del velo, los zapatos puntiados,
las medias blancas que le compré en el pueblo
¡y aquel!.... aquel… aquel montón de hilachas
carcomidas por el tiempo,
la poyera punzó que usó pa su casamiento.

¡este… este mijo,
es el cadáver que he velado treinta años!
treinta años en silencio
pa que ninguno nunca
pudiera marcarlo con el dedo
ni refrescarle con el barro la vergüenza
que tuvo Fredencia de nacimiento.

Su madre… aunque le duela
su madre… igual que ahora su mujer se fue con otro
y al primer momento decidí lo que usté
de ir a cobrarme la deuda
cuchillo a cuchillo

¿pero para qué? ¿para qué?
si allá en el rancho
abandonado quedaba mi pobre hijo durmiendo,
un inocente,
un inocente que al final de cuentas iba pagar
pagar lo que yo había hecho.

me mordí desesperado las manos
envainé mi cuchillo, y enterré silencioso estos despojos
y me dispuse a continuar viviendo
sonriendo por fuera
pero con la muerte… con la muerte adentro
pa que usté
pa que usté mijo
se creara limpio en hombre
trabajador… y honrado de pensamiento.
ahora, ya me puedo morir tranquilo
queda usté con el secreto pa que diga algún día
si ha servido di algo, tanto sufrimiento.

Saque esa cruz
¡¿qué saque esa cruz le ordeno?! (grita)
empareje el terreno ¡y vallase!!!
vallase pa onde quiera
que yo me quedo a vigilar mis nietos

¿cómo? (risa con llanto)
Huye pa su rancho
se ha echado sobre los ojos el sombrero
¡va llorando!
¡¡no importa mijo!! (sube la voz)
no importa que padezca
yo lo hice por usté
y usté sufra por ello.

gracias tata Dios, gracias señor
por fin comprendo,
por fin comprendo por qué me hiriste
en la mitá del pecho.
las penas que sufrí
resultan chicas y las comparo con el bien que han hecho
te ensañaste con un pobre gaucho
para que tú y todo este mal 
fuese la dicha de un abuelo.

VERDADES AMARGAS

Yo no quiero mirar lo que he mirado a través del cristal de la experiencia,
el mundo es un mercado donde se compran honores, voluntades y conciencias.
Amigos es mentira, no hay amigos; la verdadera amistad es ilusión,
ella cambia, se aleja y reaparece con los giros que da la situación.

Amigos complacientes sólo tienen los que disfrutan de ventura y calma;
pero aquellos que abate el infortunio, sólo llevan tristezas en el alma.
Si estamos bien nos tratan con cariño, nos buscan, nos invitan, nos adulan;
más si acaso caemos, francamente sólo por el cumplimiento nos saludan.

En este laberinto de la vida, donde tanto domina la maldad, 
todo tiene su precio estipulado: amores, parentesco y amistad.
El que nada atesora, nada vale, en toda reunión pasa por necio;
y por nobles que sus hechos sean, sólo alcanzan la burla y el desprecio.

Lo que brilla no más tiene cabida, aunque brille por oro lo que es cobre;
lo que no perdonamos en la vida es el atroz delito de ser pobre.
La estupidez, el vicio, y hasta el crimen pueden tener su precio señalado,
las llagas del defecto no se miran si las cubre un diamante bien cortado.

La sociedad que adora su desdoro, persigue con su saña al criminal,
más si el puñal del asesino es de oro, enmudece y el juez besa el puñal.

1 comentario:

  1. Buenísimo trabajo mi amigo, como siempre hay calidad aqui. No esperaríamos menos.

    Saludos desde las grandes alturas.

    ResponderEliminar