12 de marzo de 2012

Virtudes militares



¿De dónde proviene la virtud?

El lenguaje plantea una gramática, y cada gramática es una manera de pensar, porque genera un patrón mental para presentar las ideas.

La manera de pensar desarrolla actitudes personales; las actitudes forman costumbres.

Las costumbres crean hábitos y la práctica permanente del hábito se convierte en una “virtud”.

La Virtud contribuye a la formación de la cultura y la cultura marca el desarrollo de una Etnia.

Se deduce entonces que la virtud deviene de convertir en hábito permanente las buenas costumbres.

Por ello, Catón habló que “la virtud es frenar la lengua”; Confucio afirmó que “el hombre sabio ambiciona la virtud”.

Aristóteles se convenció que “en las adversidades sale a la luz la virtud”. 

Las virtudes militares, son aquellas actitudes, permanentes, habituales, comprometidas con el servicio y espíritu militar que se han constituido como patrones de conducta orientados por la manera de pensar y practicar lo que se cree.

Las virtudes se forman a través de la práctica de nuestras buenas tradiciones y que son parte de la formación misma. Por ejemplo, muchos jóvenes civiles se preguntan ¿Por qué cortan el cabello a la rapa para ingresar a un centro de formación militar, cívico-militar o una brigada militar?

Las razones van más allá de la mera tradición, presentación personal o higiene. El grupo de aspirantes a cadetes, alumnos o soldados proviene de diferentes etnias y estratos sociales; un mismo corte de cabello, mismo uniforme, mismo calzado, mismo trato, darán el mensaje que a partir de ese momento no hay distinción de nada para ninguno, y que por igual deberán someterse al nuevo régimen disciplinario.


Todos tienen lo mismo, todos creen en lo mismo, todos obedecen al mismo comandante; por tanto su actuación será en grupo. Aprenderán que el error de uno perjudica al grupo (principios y valores en grupo) y por eso los correctivos físicos  colectivos (medidos y programados) producen unión, compañerismo y compromiso entre la unidad.

Estas tradiciones generan virtudes en la conducta.

Otro ejemplo es la instrucción de orden cerrado que ejercita la disciplina, creando el "hábito de obedecer" con precisión las ordenes de un superior. La práctica permanente forma una actitud mental de obediencia. 

Cuando un militar encuentra una razón del por qué pertenece al Ejército, por qué esforzarse y en algún momento por qué combatir aunque sea fuera de las fronteras patrias (como en las operaciones de paz) entonces habrá cultivado en él una virtud militar.

Filipo II, rey de Macedonia, admirado por las habilidades que desde joven tenía su hijo Alejandro, le dijo:

"Hijo Mío, busca un reino igual a tí, porque en la Macedonia no cabes".
Alejandro Magno salió de Grecia para hacer el imperio más grande de la antiguedad, el General más grande de la historia, el hombre de Estado más genial de su tiempo.

Las virtudes militares guiaron a los comandantes guatemaltecos en la batalla de la arada en 1851; la campaña de unión centroamericana de 1885, a los cadetes el 2 de agosto de 1954.

Estos y muchos hechos a lo largo de la historia, hicieron que el carácter militar de estos hombres, convertido en virtud, actuaran en función de lo que creían y su forma de pensar.

Cada prueba o reto profesional va templando nuestro carácter, va formando nuestro pensamiento y va dando sentido a nuestra filosofía de vida.

Las virtudes militares permiten sentir lo que bien describió el General Eduardo Morales Álvarez en uno de sus recientes discursos, cuando afirma que, como militares, “hemos experimentado intensamente la vida militar, y por ello valoramos muy bien, el significado de un desgarrador adiós, una madre lejana, una novia anhelada, un dormir bajo un árbol, la fumada del fin de un cigarrillo, conocemos la sed de un beso, el calor de la pólvora y el frío de la muerte”.

Estas son: Virtudes militares.

Hubo un militar y poeta español que sirvió hacia 1625 en Flandes e Italia bajo las órdenes del Duque de Alba. Su nombre: Pedro Calderón de la Barca. En uno de sus poemas que tituló “el soldado español de los tercios” describe realidades de la vida militar, que con la práctica se vuelven virtudes:

Habla de la nobleza que, como institución se hereda; de cómo el uniforme no adorna el pecho, sino que el pecho adorna el uniforme.

Describe que la mayor hazaña (o virtud) del buen militar es obedecer sin pedir ni rehusar. Entendido este concepto en la clara lógica de los tiempos actuales orientado a desarrollar toda la iniciativa posible.

Termina magistralmente describiendo que el mayor caudal de los hombres de uniforme son: la cortesía, el buen trato, la verdad, la firmeza, la lealtad, la bizarría, la intrepidez, el esfuerzo, la bravura, el crédito, la opinión,
la constancia, la paciencia, la humildad, la obediencia, la fama y el honor.

Virtudes militares significa “creer” en las descripciones anteriores, hacer de ellas un estilo de vida al conducirnos diariamente, y aplicarlos a nuestra profesión militar.

En el aula, en el debate académico y en el intercambio de criterios militares con profesores y conferencistas civiles.

La virtud militar garantiza la subordinación hacia el superior y la comunicación con el compañero y el subalterno.

Es en suma el patrimonio moral del ejército.

Por esa razón, un ejército virtuoso, es llamado la reserva moral de nación.

Por esa razón los militares poseemos reglamentos internos donde se sanciona conductas personales que a un civil le es considerado “vida privada”.

Las virtudes militares dan con los años, libertad, madurez, y el ser dueños de nuestras propias acciones, para engrandecimiento personal, de nuestra unidad y nuestro ejército, que está al servicio del pueblo.

Cultivemos las virtudes militares.

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