10 de enero de 2017

Origen de los cambios en los roles institucionales

La “seguridad interior” puede referirse al actuar en casos de: Insurrección, rebelión o revolución; cualquier forma que intente romper el orden constitucional (R. Ardón).


Los objetivos políticos de Estado, se desarrollan a través de estrategias que deben estar alineadas con las fuentes de financiamiento que hagan posible dichos objetivos. Estas fuentes pueden ser nacionales o de origen internacional.

En la dinámica para la asignación de financiamiento para la nación intervienen diferentes actores, cada uno con sus intereses. Un alineamiento en objetivos estratégicos interinstitucionales, políticos, civiles, privados, económicos y sociales, producirá fortalecimiento institucional, seguridad y desarrollo. La no alineación provoca debilitamiento institucional.

Si la dinámica dentro del mismo Estado tiende a privilegiar instituciones, por encima de otras, para atender intereses sin el equilibrio adecuado, las consecuencias recaen en la seguridad y desarrollo del Estado.

El debilitamiento institucional eleva los riesgos al carecer de las capacidades necesarias para enfrentar amenazas cuya neutralización o control asegura el desarrollo.

El resultado de la asignación presupuestaria desequilibrada, a causa de intereses interinstitucionales no alineados, provoca instituciones fuertes e instituciones débiles.
Los actores internacionales, que a la larga se benefician de instituciones fuertes del conjunto de Estados en una región, generan apoyo, prestamos, donaciones, inversiones ayuda etc. Estos esfuerzos de región – o ayuda – usualmente va acompañada de invitaciones entre Estados para compartir intereses; de lo contrario no habría relaciones internacionales. La dinámica de Estados fuertes y débiles marca el tipo de relaciones internacionales.

Colaborar con los intereses de un Estado más grande, tendrá en definitiva un impacto en la seguridad y el desarrollo del Estado que soberanamente accede colaborar. Aceptar la ayuda es una manera de lograr financiamiento para aumentar capacidades para una institución, donde el sistema que dirige el impulso presupuestario nacional, no considera a dicha institución por razones diversas de priorización, incluso ideológicas.

En el caso de instituciones encargadas de hacer cumplir las leyes de un Estado, o de apoyar para hacer cumplir, si no tienen un impulso presupuestario para cumplir con su deber, adquirir capacidades acordes a las amenazas; si no tienen un respaldo legal robusto, que impida que sus funcionarios vayan a prisión por cumplir con su deber, surge la necesidad de reordenar los roles, especialmente si al hacerlo, hay actores en el marco de las relaciones internacionales, que sí están dispuestos a cooperar y fortalecer instituciones de seguridad para enfrentar las amenazas.

De allí que los cambios en las políticas de conducción dentro de las instituciones de un Estado, dirigidas por el propio Estado soberano, tienden a alinearse con intereses comunes de Estados más grandes, con el objeto de lograr desarrollo y seguridad. Esto – se espera – aumentará la cooperación para el incremento de capacidades institucionales para desempeñarse en su propio campo y lograr la consecución del objetivo político.


Los cambios contundentes en roles institucionales, en la búsqueda de la seguridad y desarrollo para un Estado, no se debe entonces a cuestiones de intervencionismo, falta de nacionalismo, o producto de luchas ideológicas internas; se trata, sencillamente, de escoger alternativas que permitan seguir cumpliendo con el deber, ante la realidad de que el diálogo interinstitucional interno (nacional), no logra consensos para fortalecer la institucionalidad del Estado.

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