30 de enero de 2020

Sobre Insurgencia Criminal


Características de una insurgencia criminal:

  • Se revela contra la autoridad legal/orden público
  • Posee: base social (apoyo y/o manipulación de población).
  • Organización
  • Control en un área geográfica
  • Administra/obtiene fondos
  • Posee armamento para cometer ilícitos.

Hoy se publicó un artículo con características de las pandillas o maras. Los puntos del artículo de Gutierrez son:

  • Las maras ejercen poder a través de la coacción y mediante formas a veces en extremo violentas.
  • Se organizan en los territorios para extraer forzosamente y de manera sistemática una tajada de las rentas de la población.
  • Su lenguaje es brutal.
  • Quien no paga, muere (o huye).
  • La extensión de sus territorios refleja la competencia con otras maras, crimen organizado, fuerzas de seguridad y pobladores de autodefensa.
  • Formas de organización estables y complejas.
  • Las jerarquías y división del trabajo no están escritas, pero funcionan con sorprendente disciplina y eficacia.
  • Encierran una subcultura que incluye sus propios dialectos, formas de vida, maneras de vestir y distintivos corporales (tatuajes, cortes de pelo) como rasgos de identidad.
  • Sus ceremonias de iniciación, como en las sociedades secretas, se sellan con sangre.
  • No persiguen –hasta ahora– fines políticos
  • Son cada vez más conscientes del significado de ejercer un poder territorial que arrebataron al Estado.
  • Su relación con los agentes de seguridad bajos y medios, es conflictiva y corrupta.
  • Las cárceles, donde guardan prisión sus líderes, son el punto neurálgico de las extorsiones.
  • Las maras están por lo regular en la base de la pirámide social.
  • Su economía es de consumo, aunque en ciertos casos forman capital que pueden invertir en negocios
  • Reprimirlos les despierta un instinto feroz de supervivencia y sus estructuras cierran filas.

Los narcotraficantes en cambio

  • Están de la mitad hacia arriba de la pirámide social.
  • Manejan insospechados volúmenes de dinero
  • No extraen de la sociedad sino del negocio ilícito transnacional.
  • Su relación con las autoridades es de igual o mayor poder, incluyendo los altos mandos.
  • Capaces de cooptar a los pobladores e inocular el sistema político y económico con sus cuantiosos recursos.

Conclusiones

  1. Declarar la guerra a las maras es popular en el corto plazo, pero insostenible.
  2. En esencia es seguir ejecutando mareros u otros delincuentes (ahora tipificados de terroristas), pero sin consecuencias penales para los elementos de seguridad.
  3. Una lección mal aprendida de las desbordadas campañas de “limpieza social” del 2004-7 y su secuela: el insólito procesamiento penal del exministro Vielmann y varios de sus mandos operativos.
  4. Por cierto, esas escandalosas batidas condujeron a la repentina e inesperada aprobación del acuerdo de la CICIG en el Congreso.

Comentario final

Para limitar, reducir, eliminar las capacidades criminales de las maras, debe profesionalizarse (adaptación, transformación, modernización) la PNC y la Guardia Penitenciaria.

  • Protección social
  • Estructuras institucionales con mejor gestión y reconocimiento del mérito
  • Soporte informático eficiente
  • Equipamiento pertinente
  • Sistemas de control interno y externo.

En materia de seguridad (y desarrollo) no hay milagros, hay procesos que, sostenidos, resultan exitosos y generan sinergias en un relativo corto plazo

TEXTO COMPLETO
En seguridad no hay milagros, pero sí procesos exitosos.
Por: Edgar Gutiérrez

Después de 40 años de lidiar con las maras, hay que concluir que con las estrategias empleadas resultan intratables e irreductibles. La dimensión del fracaso es proporcionalmente inversa a la amenaza que han llegado a representar para la sociedad.
Las maras ejercen poder a través de la coacción y mediante formas a veces en extremo violentas. Se organizan en los territorios para extraer forzosamente y de manera sistemática una tajada de las rentas de la población. Su lenguaje es brutal: quien no paga, muere (o huye). La extensión de sus territorios refleja la competencia con otras maras, crimen organizado, fuerzas de seguridad y pobladores de autodefensa.
Han adquirido formas de organización estables y complejas. Las jerarquías y división del trabajo no están escritas, pero funcionan con sorprendente disciplina y eficacia. Encierran una subcultura que incluye sus propios dialectos, formas de vida, maneras de vestir y distintivos corporales (tatuajes, cortes de pelo) como rasgos de identidad. Sus ceremonias de iniciación, como en las sociedades secretas, se sellan con sangre.
Las maras son secuela del fracaso social, trágicamente convertido en una seria y extendida amenaza criminal. No persiguen –hasta ahora– fines políticos, aunque son cada vez más conscientes del significado de ejercer un poder territorial que arrebataron al Estado. Su relación con los agentes de seguridad bajos y medios, es conflictiva y corrupta. El ejemplo obvio es que las cárceles, donde guardan prisión sus líderes, son el punto neurálgico de las extorsiones.
Los narcos manejan insospechados volúmenes de dinero, propiedades y demás que no extraen de la sociedad sino del negocio ilícito transnacional. Su relación con las autoridades es de igual o mayor poder, incluyendo los altos mandos. Las maras, en cambio, están por lo regular en la base de la pirámide social. Su economía es de consumo, aunque en ciertos casos forman capital que pueden invertir en negocios, los cuales, a la vez, les sirven como fuentes de información útil para el despliegue de sus actividades delictivas. Por el sitio que ocupan en la escala social y su relación hosca con los vecinos, la represión despierta un instinto feroz de supervivencia y sus estructuras cierran filas. Es una reacción distinta a la de los narcos, capaces de cooptar a los pobladores e inocular el sistema político y económico con sus cuantiosos recursos.
Declarar la guerra a las maras es popular en el corto plazo, pero insostenible. Las iniciativas de ley 592 y 593 (reformas del Código Penal) enviadas la semana pasada al Congreso, son retoques de estrategias fallidas en los países del norte de Centroamérica. En esencia es seguir ejecutando mareros u otros delincuentes (ahora tipificados de terroristas), pero sin consecuencias penales para los elementos de seguridad. Una lección mal aprendida de las desbordadas campañas de “limpieza social” del 2004-7 y su secuela: el insólito procesamiento penal del exministro Vielmann y varios de sus mandos operativos. Por cierto, esas escandalosas batidas condujeron a la repentina e inesperada aprobación del acuerdo de la CICIG en el Congreso.
Si Giammattei quiere erosionar las capacidades criminales de las maras, debe empezar en casa profesionalizando la PNC y la Guardia Penitenciaria, esto es, por ejemplo, redefinir la doctrina, establecer mayores requerimientos de ingreso, sistemas de formación modernos y permanentes, protección social, estructuras institucionales con mejor gestión y reconocimiento del mérito, soporte informático eficiente, equipamiento pertinente y sistemas de control interno y externo.
En materia de seguridad (y desarrollo) no hay milagros, hay procesos que, sostenidos, resultan exitosos y generan sinergias en un relativo corto plazo.

15 de enero de 2020

Liderazgo que influencia para bien ¿hay alguno que influencie para mal?

El Doctor Mario R. Morales publicó un artículo en remembranza de un militante revolucionario que al analizarlo desde el punto de vista del liderazgo pueden rescatarse virtudes loables. Este es un comentario con relación a dicho artículo. Leer aquí.

Es un hecho que sin considerar las motivaciones o tipo de fines en una organización o grupo, el liderazgo efectivo se basa en las virtudes. Los comandantes tienen en su mano el poder influir e influenciar a sus subordinados según la causa por la que luchan.

Las cualidades personales de líder que describe el Dr Morales en su artículo serían la satisfacción más grande para cualquier líder.

Las cualidades de líder descritas en el artículo son:
Ÿ   Hombre íntegro.
Ÿ   Que ejerce su liderazgo mediante el ejemplo y no con autoritarismo antojadizo
Ÿ   Que no envía a nadie a hacer nada si antes no lo ha hecho él mismo
Ÿ   Pide que lo sigan y no que nadie vaya delante de él.
Ÿ   Noble, honesto, valiente, lúcido, prudente y firmemente solidario.
Ÿ   Entrega incondicional a la causa
Ÿ   Disposición absoluta al sacrificio
Ÿ   Ausencia total de intereses personales
Ÿ   Honda mística de trabajo y ejemplo combativo.
Ÿ   Volcado a las causas de las mayorías.
Ÿ   Desprendimiento de las cosas materiales. Actúa sin esperar nada a cambio.
Ÿ   Manejo transparente de los recursos económicos.

¿Qué genuino comandante no quisiera ser así recordado por sus subordinados?

Con 15 años de edad en 1983, también me sentí inspirado por líderes militares que consideré eran así. Por eso abracé la carrera militar y anhelé llegar a seguir su ejemplo.

También creo comprender por qué el Dr. Morales plantea que la moral en su acepción del liderazgo militar/revolucionario parece estar desactivada por la "posmodernidad" en la "conciencia de las juventudes" de 2020.

Creo que no sólo por ser otros tiempos sino porque -- como afirma el autor -- algunos dejaron de aplicar los rasgos de líder arriba descritos. Esto y no otra razón es lo que ha producido una variación en la motivación de las juventudes actuales militares y civiles.

El Dr Morales critica una transformación del espíritu revolucionario combativo de la guerrilla de 1983 en comparación a los revolucionarios actuales, a quienes describe: Concentrados en "individualismos relativistas" que exigen cambio por "causas meramente culturalistas" organizados para victimizarse ante todos con "brinco y trompetita, de jornal oenegero".

Esta dura crítica opino que se explica de la siguiente manera: El individualismo relativista se refiere al fin impulsado por un interés personal y demarcado por la circunstancia particular que el momento le otorga al líder a su propia conveniencia. Su actuar es relativo. Culturista se refiere a que actúa por inercia, porque alguien le dijo, o porque otro grupo o en otro país se hace y no por convicción de ideales propios. La mayor audacia estriba en victimarse alzando una voz entre el grupo, para no individualizar su papel y hasta quizá por algún dinero. Fuera quedaron todas las virtudes por las que hace remembranza en el artículo.

Buscando hacer una comparación de lo ocurrido en el lado militar también ocurren paralelos con cierta o bastante similitud. Los antiguos en retiro critican también ese efecto posmoderno en las juventudes militares actuales por falta de moral, pero la realidad es que las juventudes vieron ausentes los principios de liderazgo ya descritos y que automáticamente se convirtieron casi en su totalidad en auténtico mal ejemplo.

El resultado fue mentalidades divididas en dos grupos: El primero los que optan por seguir el mal ejemplo, que cuando no llega a constituir delito, se queda en el hábito de la adulación para obtener el favor para nombramiento, ascenso o remuneración. Incapaces de asesorar y hacer ver con franqueza y conforme a la ley militar lo que se piensa; un temor profundo de expresar un “no conviene” con su argumentación correspondiente. El segundo grupo en cambio decide con dignidad aplicar los principios originales como el caso de la remembranza del artículo, así cueste el desaliento de no lograr el nombramiento o el ascenso anhelado.

El mal ejemplo del primer grupo mal formó a unos y desencantó a otros subordinados más dispuestos, más apegados a sus valores. Por eso es que pareciera ser que los militares que rescatan los valores originales del liderazgo migraron en su manera de pensar o que su moral militar cambió, pero no es más que la búsqueda de una adaptación honesta, legal y legítima de su actuar en el anidamiento original de sus ideales.

El problema es que los subordinados que observan les llega su tiempo de convertirse en superiores y toca elegir una manera de proceder. Se puede volver un circulo viciosos que socava los valores institucionales o se pude mantener la mística original y fortalecer aún más la institucionalidad de la organización.

Los buenos ejemplos abundan, pero también los malos. El dilema para proceder es personal porque el mal camino también lleva al objetivo deseado pero los subordinados siempre recordarán a qué clase de líder sirvieron. Leer el artículo comentado