Plaza Zaculeu, Brigada de Fuerzas Especiales, Poptún, Petén
Reflexión de despedida del
General de Brigada
ISMAEL ALEJANDRO CIFUENTES
BUSTAMANTE
Noche fría de diciembre de 1988, acabo de terminar de redactar las novedades de
las 20:00 horas, mi máquina de escribir Olivetti es una maravilla, he logrado
encontrar la presión en tecla para escribir rápido, bien redactado y con buena
ortografía. En unos minutos me vienen a relevar, pues mi compañía sale
destacada por la madrugada. Al parecer hoy no dormiré, pero estamos ansiosos de
salir destacados al Quiché[1]. Mi
nervioso entusiasmo contrasta con esa sonrisa extraña de ese coronel que acaba
de salir por la guardia de prevención, sólo y a pie, apenas levantó la mirada
para hacerme el saludo militar cuando le rendí novedades, pareciera que hubiese
querido decirme algo. Y es que hoy hubo una ceremonia de despedida de militares
que pasaron a situación de retiro. ¡Bah...! falta mucho para eso, hace unos
días cumplí dos años desde que me gradué de subteniente aquel 20 de diciembre
de 1986, y con veintiún años ahora soy un soldado Kaibil y nada me detendrá en
la carrera militar que tengo por delante…
20 de diciembre de 2019
¿Por dónde y a qué hora pasaron tan rápido los años? ¿Cómo llegué a este
punto? El tiempo pasa rápido y los proyectos, las metas profesionales hay que
pensarlas, programarlas y echarlas a andar; seguir si se caen aunque parezca
cuesta arriba[2]. Hoy cumplo
treinta y tres años de servicio en el Ejército de Guatemala y este es mi
mensaje de despedida a todos los oficiales, especialistas y soldados, hombres y
mujeres, que estuvieron bajo mi mando, que fuimos compañeros de faenas
militares y misiones, que nos brindamos la amistad forjada en base al fiel y
desinteresado cumplimiento del deber.
Termino muy satisfecho por la oportunidad que Dios me dio de llegar al tiempo
de retiro con vida, salud, rodeado de mi familia y la dicha de haber conocido
tantas personas que demostraron en su momento un cúmulo de virtudes militares que
aplicadas al trabajo permitieron el cumplimiento permanente de las misiones
asignadas.
Hay dos grandes pilares que fundamentan mi final satisfacción: mi
proceso de profesionalización y la oportunidad de desempeñar cargos donde pude
aplicar lo aprendido en base al conocimiento adquirido, o “maestría” como lo
llama Huntington (Huntington, 1995).
Para mí, la construcción de maestría militar venía desde 1994 en COSEDE[3] con
los cursos tácticos, pero a partir del curso de Comando y Estado Mayor, Curso Superior
de Guerra y los Altos Estudios Estratégicos[4] que
cursé en Washington D.C. se develó una comprensión de las lecturas que
ordenaron el conocimiento y cultivaron mi espíritu militar final: analítico,
prospectivo y altamente crítico. Yo
diría a todos los oficiales que en la medida que disfruten sus épocas de
profesionalización en las aulas se prepararán mejor para el desempeño profesional.
El segundo pilar: Los cargos desempeñados. Particularmente fueron nueve
cargos desde 2006 que tuvieron gran impacto en mi carrera profesional y mi manera
de pensar y ver las cosas. Estos nueve cargos los clasifico en tres grupos: el Comando
militar[5], la
asesoría y planificación estratégica y la diplomacia militar. Estos tres
momentos distribuidos a lo largo de mis últimos trece años de servicio
construyeron el criterio – que equivocado o no – ahora tengo… ahora que me debo retirar.
En lo concerniente al momento del Comando Militar, no existe gloria
que hinche más el pecho de un militar que el reconocimiento por parte de sus
subordinados en que las decisiones tomadas les enseñó algo y ayudó a su misión,
aunque las circunstancias para decidir y ordenar fueran de crisis o
circunstancias poco cordiales por la presión compartida que ejercían en cada
uno de nosotros los escalones superiores. Y así me ocurrió como Comandante de
Batallón de Kaibiles en la Brigada de Fuerzas Especiales (2006); como Tercer Comandante
en el COSEDE (2016); como Segundo Comandante en la 3ª Brigada de Infantería,
Jutiapa (2017); y como comandante de nuevo en la Brigada de Fuerzas Especiales
y el COSEDE (2018 y 2019).
El momento de la asesoría y planificación estratégica me permitió
pensar, escribir y recomendar productos intelectuales/profesionales de esa
extraña mezcla resultante de los ideales y la realidad. Conocer y defender en primera
línea los argumentos frente a otros colegas que tenían los propios y eran verdaderamente
sólidos.
En ocasiones tuve
que saborear la derrota en el debate, más acorralado por la realidad – política
– que por los ideales militares. Debates orales directos o indirectos, o escritos
a través de los documentos de trámite, donde en buena parte la carga y criterio
era de actitud en algunos de mis superiores y compañeros que muchas veces
califiqué de sesgada e inclinada al interés personal descuidando la institucionalidad.
Algunas veces la «victoria fue amarga», contradicción construida porque la afectada
fue nuestra institución y la única celebración de victoria se resumió a una
corta inferencia mental que les llegó, que no se escribe ni se dice: “te lo
dije”.
En este segundo momento contribuí desde el Centro de Operaciones
Conjuntas del Estado Mayor, como subdirector (2013), Director del Departamento
de Prensa y vocero del Ejército (2014), y como Director de Operaciones del
Estado Mayor (2016-17).
En el tercer momento: Diplomacia militar, pude contribuir al más alto
nivel representando al Ejército de Guatemala ante varias naciones y entidades
internacionales en su concepción más real: Respetuoso de la ley y como institución
convencida de los roles militares frente a las amenazas actuales combinando la
toma de decisiones en coherencia con la ley, la política vigente y los
intereses nacionales. Para estas tareas me desempeñé como Agregado de Defensa,
militar, naval y aéreo a la Embajada de Guatemala en Washington D.C. Estados
Unidos de América (2015) y como Comandante del Comando Regional de
Entrenamiento de Operaciones de Paz CREOMPAZ (2018).
Fueron trece años de la carrera que hoy termino, donde los logros a
enumerar serían muchos, pero egoísta mencionarlos en mis palabras de despedida
pues no los construí yo solo; tuve dirección constante de mis superiores, comprensión,
asesoría y cumplimiento de mis subordinados y la crítica constructiva de muchos
de mis colegas. El producto final trajo – o hubiera traído – beneficio a la
institución. Al menos yo así lo creo hasta hoy.
Dejo a las y los militares de Guatemala, luego de treinta y tres años de
servicio, tres reflexiones:
11. 1 Ser militar
22. 2 ¿A quién se debe un militar?
33. 3 El qué hacer militar
11. 1 Ser militar.
Huntington habla de las características que hacen profesional al
militar: Maestría, Responsabilidad y Espíritu de Cuerpo (Huntington, 1995).
La maestría la tenemos
al alcance en nuestro Comando Superior de Educación del Ejército COSEDE y sus
diferentes cursos de profesionalización, en nuestras escuelas militares de
capacitación técnica militar y a los más jóvenes en los institutos para la
educación vocacional. El ejército cuenta con una política educativa sólida, de la
cual se deriva una Directiva de educación recién actualizada y que entrará en
vigencia el uno de enero de dos mil veinte. Y aunque estas herramientas de
conducción estratégica en el ramo de la educación tienen una visión ya encaminada,
quedaría en papel sin la comprensión y aplicación para su cumplimiento en los
diferentes escalones.
Un pequeño grupo de militares guatemaltecos tienen la extraña dicha en
algún momento de sus carreras, de ser parte de las acciones para operativizar
estos instrumentos – porque llegan de alta[6] al
COSEDE – y en otro de ser beneficiarios de los mismos con su participación en
los cursos de profesionalización. Este privilegio no sólo consolida la maestría,
sino que recoge la experiencia del ejercicio mismo de las funciones.
El resto de militares, al integrar las aulas en los tres niveles
desarrollarán su conocimiento profesional que viene a partir de 2020 renovado
con actualizaciones educativas en técnicas de evaluación, enseñanza aprendizaje
y competencias cuidadosamente diseñadas para la carrera. Este esfuerzo gracias
al personal de pedagogía de todos nuestros centros educativos.
La tropa tiene lo propio al recibir durante su tiempo de servicio
reglamentario las especialidades militares que les permitirán ejercer por hasta
10 años en las artes y técnicas militares de la fuerza permanente, de fuerzas
especiales, de apoyo de combate y de apoyo de servicios de combate; otros
tendrán oportunidades de conocimientos técnicos para desarrollo en sus comunidades
gracias a las alianzas con otras entidades educativas públicas.
Los jóvenes guatemaltecos tienen también en los diversos centros
vocacionales la oportunidad de desarrollar su formación cívica, a base de disciplina
y rigiéndose por el sistema educativo nacional para ese nivel. De esta manera,
el sistema educativo militar permite a todo militar alcanzar el grado de
maestría proporcional a su grado, incrementándose la profesionalización del ejército.
Esta gran ventaja debe ser aprovechada por todos.
La responsabilidad la
ejercerán constantemente a lo largo de la carrera. Pero me quiero referir a ese
nivel de responsabilidad que trasciende al cumplimiento de las obligaciones, de
los procedimientos establecidos para cada cargo. Es una responsabilidad
institucional en grupo ante el resto de instituciones y frente a otras fuerzas
armadas en la región del hemisferio. Una responsabilidad de un grado de complejidad
tan grande que a la vez se torna tan sencillo porque se engloba en la actitud
personal. ¡Cuán fácil en el discurso es plantear la actitud individual y cuán
complejo es plantearla frente a los grandes desafíos personales y profesionales!
La responsabilidad conduce a actitudes fortalecidas en valores que se
necesitan frente a los grandes retos de la gestión y administración de recursos;
frente al uso y aprovechamiento de los que se asignan; frente a la conciencia
coherente con las realidades presupuestarias al momento de planificar y
priorizar el equipamiento que redundará en la defensa y seguridad de los
ciudadanos; responsabilidad en la consideración con nuestro personal masculino
y femenino con sus cualidades humanas biológicas y circunstanciales inherentes[7];
responsabilidad de imparcialidad e igualdad en la aplicación de la ley en normas
militares internas; responsabilidad en la lealtad de producir asesoría que no lisonjee
ni complazca pasiones de ningún tipo sino que fortalezca los valores en grupo,
aún a riesgo que le cueste un puesto – o un ascenso –. Responsabilidad en
asesorar y recomendar en la mesa donde el superior requiera la opinión, de
frente y no fuera de ella lo cual constituiría murmuración[8]. El
General Dempsey resalta que el carácter refleja lo que hacemos cuando nadie nos
ve, es lo que otros aprenden de nosotros, es lo que aprendemos de nosotros
mismos; es el resultado de confrontarnos y el reflejo de lo que nos motiva (Dempsey,
Twitter personal, 2019).
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Pista de Actzumbal, Nebaj, Quiché, 1989
De manera que ser responsable no se limita a cumplir con el manual de
procedimientos y apresurar el paso al toque de salida luego de cada período de servicio.
Significa estar pendiente de las obligaciones de su cargo de manera permanente
hasta el superlativo sentido del deber en que voluntariamente se llega a ignorar
condición de vacaciones, licencia[9] o
tiempo de recreo. Un militar siempre debe estar disponible y a llamado.
El espíritu de cuerpo[10] surge
y crece conforme se alimenta la maestría y el sentido de responsabilidad. Es la
fuerza que hace a la mujer y hombre de uniforme caminar erguido y con actitud
de servicio ante la sociedad a la cual él también pertenece. La capacidad de
respetar la escala jerárquica aún en lo que no entiende y buscar soluciones
para plantearlas como recomendaciones a su superior inmediato. Es el orgullo de
ser soldado. Es el reconocimiento personal y aceptación de que la patria le ha
otorgado el privilegio de trabajar más que los demás, el derecho al desvelo, al
sacrificio, a privarse de tiempo que por ley le corresponde sin que, quizá,
nadie se lo reconozca.
El espíritu de cuerpo se materializa al optar por la legalidad y lucirse
entre militares con las virtudes ilustradas por el poeta español Pedro Calderón
de la Barca (Cifuentes, 2008)
“Aquí la más principal hazaña es obedecer; y el
modo como ha de ser es: ni pedir ni rehusar. Aquí: la cortesía, el buen trato,
la verdad, la fineza, la lealtad, el honor, la bizarría, el crédito, la
opinión, la constancia, la paciencia, la humildad, la obediencia, la fama, el
valor y vida… Son el caudal de pobres soldados… que en buena o mala fortuna la
milicia no es más que una religión de hombres honrados”.
Subtte. Mejía B, Subtte. Cifuentes B, Subtte. Cardenas Ch. Zona Militar No. 20 Quiché, 1989
Esto se produce cuando voluntariamente el militar se sumerge en un
código de conducta no escrito que le guía en sus acciones, que le habla a su
mente en base a los valores y virtudes militares de cómo proceder al cumplir su
misión. Ese espíritu de cuerpo crea espontáneamente una mística, entendida como
algo misterioso, oculto y reservada su comprensión para aquellos que han sudado,
llorado y hasta sangrado para portar una prenda militar. El mortal que esté
fuera de la esfera de esta mística debe verse obligado a preguntarse de cómo
estos hombres de uniforme, de valor, de determinación y coraje tienen la fuerza
física y mental para escoger soportar las privaciones[11]. Observa
y anhela, pero para él es inalcanzable porque debe pasar por un proceso de
transformación que aún no termina de entender. Pero ni siquiera un militar que
no se ha sometido al proceso propio de su especialidad puede portar un puente[12],
emblema o boina sin más. Hacerlo sería un deshonor.
Es pues, el espíritu de cuerpo quien construye a base de maestría y
responsabilidad, y quien hace germinar lo único que enriquece un corazón
militar; sólo este fruto da los réditos necesarios aún cuando la faena sea
intensa y la recompensa parca. Este fruto producido es: La satisfacción
personal.
22. 2 ¿A quién se debe un militar?
Como valor militar moral y colectivo un militar siempre ha de deberse a
su patria, su ejército, su familia y la sociedad en general. Pero en un sentido
individual en el desempeño profesional, el líder militar se debe a sus
subalternos.
Es a través de ellos que se logra el éxito en una operación militar o en
una gestión de cargo determinado, en ellos se ha invertido tiempo de instrucción,
entrenamiento o capacitación, en ellos se ha alimentado el más profundo sentido
del deber instándolos a seguir el ejemplo de quien los manda. Ningún comandante
a cualquier escalón debe omitir observar el trabajo y abnegación más allá de su
unidad[13] puesto
que, para el funcionamiento de la propia, existe todo un sistema de tareas
interrelacionadas en la esfera del apoyo de servicios para las misiones
asignadas: Cocinas, oficinas, servicios técnicos que garantizan la habitabilidad
y disposición de áreas y equipamiento para entrenamiento. Ya fue dicho por el
General Dempsey (Dempsey, 2019): La esencia del
liderazgo consiste en comprender que se sirve a algo más grande que uno mismo;
cuando se da el crédito al equipo de trabajo. Entonces el líder demuestra con
sus actos que tiene un alto cargo por privilegio y no por derecho.
Es por tanto el personal subalterno en general quien hace posible el éxito
y prestigio de una unidad militar. A ellos nos debemos y ellos son los que
siempre debe otorgárseles el crédito del buen desempeño. Es admirable cuánto se
facilita la función del comandante cuando los estados mayores, personal técnico
y de apoyo de servicios cumple con su deber con la misma y eficaz entrega,
reservándose para sí mismo la apreciación[14] y la
inesquivable función de tomar la decisión final
El militar se debe a su familia. La familia vive desde la esfera del
hogar la alegría y satisfacción del éxito profesional; la familia es consciente
de la necesidad de guatemaltecos dispuestos a sacrificarse en favor de la
seguridad y el desarrollo del país y entregan a hijos, esposos hermanos para
este fin. Por consiguiente, vive estoicamente la angustia de saber que su
soldado fue nombrado a misiones en áreas donde la vida corre riesgo o con
climas que producen consecuencias a la salud.
La familia sabe esperar y asimilar las actitudes de sacrificio que restan
tiempo para compartir en el hogar con la esposa y los hijos, ellos al final
están muy imbuidos y formados también en los profundos sentimientos del saberse
buen militar. La familia asciende con el militar, la familia sufre la sanción
si la disciplina es infringida, la familia llora la frustración e impotencia si
se mancilla el nombre de la institución, la bandera o el nombre de la nación.
La familia siempre reconoce las actitudes buenas y malas del entorno de
personas que rodean al militar y que marcará su ascenso o perjuicio
profesional.
Doña Francisca Haydeé Bustamante y don Juan Alberto Cifuentes, 1984 y 2019
De tal manera que la existencia de una familia, debe ser motivo suficiente
para inspirar al militar a cumplir con su deber, su razón de ser, de esforzarse
y luchar por el engrandecimiento de su país y su ejército.
33. 3 El qué hacer militar (Cifuentes,
Perspectiva Militar, 2008)
En todo comando o dependencia militar según su naturaleza, el diario qué
hacer rutinario (Cifuentes, Perspectiva Militar,
2017)
debe estar orientado a tres funciones principales: Entrenamiento/capacitación, las
operaciones/misión y el mantenimiento preventivo. Esta tercera reflexión se
relaciona con la “responsabilidad” ya desarrollada antes y se refiere a buscar
la excelencia en la administración de las misiones y las unidades militares.
De estas tareas generales se desprende una interminable lista de
misiones y acciones que cada mujer u hombre militar debe seguir en el cargo que
desempeña. Su guía de conducción propia la integran: Sus reglamentos, sus superiores,
su propia iniciativa y los recursos disponibles para cumplir con su misión.
Para ello entrena, para ello estudia, se hace responsable y promueve el
espíritu militar. El adoctrinamiento hacia el deber estuvo siempre en sus lemas (Cifuentes,
Perspectiva militar, 2007), que el militar de
todos los rangos repite a diario desde sus primeros años, y aún en los años de antigüedad
preeminente continúa descubriendo y reorientando significados intrínsecos hacia
sus subordinados.
Son estos lemas los que inspiran al sacrificio durante el qué hacer
militar. Lemas que hablan del deber, del sacrificio, de la lealtad, del valor y
el honor. Frases que preparan la mente a no darse por vencido aún vencido, a
sacar bravura en medio del pavor y arremeter feroz aún herido si la patria lo
demanda. No amainar es clave en cualquier misión y proceder con dureza aún con
uno mismo a veces es necesario, privándose de necesidades básicas sin implorar
con tal de acabar su misión.
El qué hacer militar se desarrolla levantándose si se sufre caída. Si quinientas
veces, quinientas se levanta pues nunca por ley han de ser tantas. Así como una
planta asimila el humus del suelo, el militar debe nutrirse del sentimiento del
deber y la voluntad en el servicio y hacer de su unidad militar un verdadero santuario
del deber. Todo lo incurable tiene cura, siempre habrá una solución, un curso
de acción por tomar.
General Retirado Ismael A. Cifuentes B, 20 de diciembre de 2019
…Cuando me di cuenta aquel coronel retornó a la Guardia de prevención[15], me
miró, sonrió y se disculpó; me sorprendió aquello, pero creo que fue porque no
me había contestado antes cuando salió y le rendí novedades por su grado que
alcancé a ver en el hombro de su uniforme de ceremonias. Me estrechó su mano y
me dijo:
--- Subteniente el tiempo avanza y arrasa con
sueños, glorias y penas; cultive sus sueños, gane respeto y gloria con su
actitud para ser recordado por su personal y evite las penas conduciéndose con
lealtad, no esa lealtad ciega que recompensa la incompetencia, sino lealtad a
su institución, su familia, nuestra constitución política y su país ---.
Aquel hombre me hizo reflexionar y me propuse construir una carrera
militar digna. Hoy que me retiro comprendo las palabras de aquel hombre de uniforme
que me habló esa fría noche de diciembre. Quisiera encontrarlo y decirle que
estoy hoy en su misma posición y no alcancé la perfección; que no logré rehacer
muchas cosas por las que siempre me pregunté ¿por qué así? Pero tuve éxito en
dejar ideas a mis subordinados para que ellos las terminen y sigan haciendo de
nuestro ejército el mejor.
Por mi honor de soldado guatemalteco acaté la constitución, respeté las
leyes y autoridades de la república, veneré y defendí con mi vida en su momento
y hasta hoy la bandera de mi patria. Estoy convencido que nuestra bandera es el
símbolo de Guatemala, nuestra expresión de gloria y Libertad. (Cifuentes, Perspectiva Militar, 2010).
Kaibil 577
Referencias
Huntington, S. P.
(1995). El soldado y el Estado. Buenos Aires, Argentina: Grupo Editor
Latinoamericano.
[1] Departamento al noroccidente de Guatemala
[2] Paráfrasis de un fragmento del lema No claudiques: “si en la lid el
destino te derriba, si todo en tu camino es cuesta arriba… date una tregua, pero
no claudiques”.
[3] Comando Superior de Educación del Ejército de Guatemala COSEDE
[4] Cursos de profesionalización que el cuerpo de oficiales del Ejército de
Guatemala debe aprobar para ir escalando profesionalmente en la carrera.
[5] Se ejerce comando militar cuando se nombra al mando de unidades
militares de diferentes magnitudes desde pelotón a brigada.
[6] Llegar de alta significa ser asignado a
[7] La mujer militar y su derecho y por ley a período pre y postnatal,
lactancia materna y otros
[8] Murmuración: Acción de discrepar de las disposiciones u órdenes de los superiores,
a escondidas y a espaldas de los mismos. Penada en los reglamentos militares
[9] Períodos de descanso de 3 a 8 días en que el militar deja su puesto para
atender asuntos personales o descansar.
[10] Huntington lo llama:
Corporativismo.
[11] Fragmento del Credo Kaibil: Me entrenaré para soportar los sufrimientos,
el trato duro, el dolor, el hambre la fatiga, el cansancio, la sed, el calor y
el frío, porque soy un soldado superior a cualquier otro.
[12] Palabra en forma de línea curva, en tela, que va pegado en la parte
superior de la manga de los uniformes militares. Usualmente corresponde a un
curso o especialización.
[13] Referencia a un elemento militar de maniobra independiente de su magnitud:
pelotón, compañía, batallón u otro.
[14] El proceso de apreciación de la situación lo desarrollan los estados
mayores y presentan al comandante para que este tome su decisión. Es un proceso
de investigación riguroso que se construye a base de consideraciones técnicas y
científicas. El profesionalismo es palpable cuando este proceso se realiza
mentalmente, bajo fuego enemigo en combate o situación de crisis.
[15] Puerta de acceso a los cuarteles donde permanece de servicio un oficial con
cierta tropa asignada.