7 de junio de 2008

Resumen del libro: La Construcción del Estado

INTRODUCCIÓN


Este trabajo es un resumen del Libro: La construcción del Estado, hacia un nuevo orden mundial en el siglo XXI, del autor Francis Fukuyama. Está elaborado bajo la norma de un máximo de mil palabras que no incluyen la introducción ni las conclusiones.


Básicamente el autor plantea una justificación a la intervención de las potencias mundiales y organismos internacionales en asuntos internos de los países, argumentando que estos problemas se deben a la debilidad o fracaso de las instituciones de los Estados. Al ser débiles provocan acciones de tipo económico, social, político y militar que afectan la seguridad de otras naciones, cuando no delitos de lesa humanidad contra sus propios habitantes.


Por supuesto que provee la fórmula para la conformación ideal de las instituciones que a su vez representa la manera de prevenir Estados fracasados o débiles. No solo presenta su formación, sino alcances, fuerza, campo ideal de toma de decisiones y control. Esto debe ser complementado con un liderazgo adecuado y un sistema de normas a cumplir.


Aunque el autor justifica la violación de la soberanía en aras de la defensa de los derechos humanos, acepta y a la vez cuestiona, que sean los Estados Unidos de América el Estado que se ha auto asignado la “noble y heroica” tarea de velar por la seguridad mundial, cuando en realidad ve sus propios intereses.


Esta actitud estadounidense, se desarrolla ante la simple contemplación de una pasiva Unión Europea y del resto de países (potencias) que conforman el Consejo de Seguridad de la ONU. Los postulados de este libro llevan a la conclusión de que Guatemala, no puede ser considerado como un Estado Fracasado o fallido (como se hada dado en llamarle), pero sí con importantes debilidades institucionales que bien lo podrían encaminar hacia tal y vergonzoso título.

RESUMEN DEL LIBRO


La “estatalidad” es un término que utiliza Francis Fukuyama para describir el momento, condición o circunstancia óptima de un país, que resulta de una gestión estatal eficaz y eficiente, en donde la política consiste en regular el ejercicio del poder del Estado, dentro de un Estado de Derecho; así como orientar la estrategia gubernamental hacia objetivos considerados legítimos por los ciudadanos y el resto de países.


La necesidad de construir estados surge desde finales de la segunda guerra mundial. Planes para reconstruir países devastados por la guerra, o los que salían del período del colonialismo como varios pueblos de África, Asia y Oceanía.


El libro plantea el problema de la siguiente forma: los desafíos en materia de seguridad para los países desarrollados o bloques internacionales, provienen de lo que sucede en Estados débiles o fracasados. Los fenómenos políticos, sociales y militares que ocurren en estos países provocan desastres humanitarios, oleadas masivas de inmigración, atacan a sus vecinos, generan falta de democracia, pluralismos y participación popular significativa.


El problema se agrava cuando actores no estatales como organizaciones terroristas, tienen la capacidad de secuestrar Estados débiles y actuar con completa libertad en contra del propio país u otras naciones. Es entonces cuando las grandes potencias y organizaciones internacionales, amparados por sus intereses legítimos de seguridad, desarrollan políticas internacionales para llevar a cabo acciones que van: desde influir hasta cambiar regímenes para evitar así el surgimiento de nuevas amenazas.


Una vez intervenidos los Estados débiles o fracasados, las potencias asumen la gobernanza de estos. Gobernar las poblaciones potencialmente hostiles es un derecho legítimo que las naciones del primer mundo dicen tener, para preservar la seguridad, aunque esto represente la violación de la soberanía de otro Estado. Esta política internacional la justifica el autor con el argumento de que un dictador no puede acogerse al principio de soberanía para protegerse mientras comete crímenes contra la humanidad.


De estos criterios se desprenden las otras dos partes del libro orientadas a buscar la mejor manera de fomentar la gobernanza de los Estados débiles, mejorar su legitimidad democrática y fortalecer instituciones auto sostenibles en dichos Estados. Esto constituye actualmente el proyecto central de la política internacional contemporánea.


Un Estado es fuerte cuando posee instituciones con un alcance y fortaleza tal, que sea capaz de limitar el poder del mismo Estado. La esencia de la estatalidad es en otras palabras: la aplicación de las leyes.


En su desempeño las instituciones de un Estado suelen tener diferentes medidas en cuanto a alcance y fuerza. Alcance se refiere a las funciones establecidas para alcanzar objetivos por los gobiernos. Los países varían en el alcance de las funciones de sus instituciones según sea la ambición de sus objetivos. La fuerza se mide en la capacidad institucional de un Estado para elaborar y ejecutar políticas y promulgación de leyes. Esto puede traducirse también como administración eficaz con un mínimo de burocracia, control del soborno y corrupción, alto nivel de transparencia y rendición de cuentas.


El mejor escenario para los economistas es un Estado con instituciones de alcance limitado pero de alta eficacia. Un estado ineficaz abarca muchas actividades con sus instituciones pero no las puede llevar a cabo correctamente.


Las instituciones entonces, resultan esenciales para el desarrollo y la seguridad; por eso deben diseñarse de tal forma que favorezcan la descentralización, la participación, el capital social, la cultura, el género, la etnicidad y el problema étnico. Todos estos son temas prioritarios y un Estado bien construido abarca dichos temas con instituciones fuertes, pero que solo proporcionan, guía, ayuda o control para la espontánea solución (Ordenes Espontáneos de Hayek).


No se trata, sin embargo, de inclinarse completamente por la privatización o el autoritarismo sino en la calidad de la dirigencia y un soporte tecnócrata que asesore eficientemente en cuatro aspectos fundamentales: El diseño y gestión de la organización, el diseño del sistema político, la base de legitimación y los factores culturales y estructurales.


Para determinar un modelo óptimo de instituciones formales se necesitan objetivos claros y que los agentes particulares (funcionarios públicos) no antepongan sus propios intereses a los intereses institucionales, generando lo que se conoce como corrupción. Así mismo, deben establecerse sistemas de supervisión y rendición de cuentas. Es importante también la capacidad decisoria que se delega a los funcionarios, entendiendo que obliga a aceptar un equilibrio entre eficiencia y riesgo.


Las instituciones deben guardar un balance entre el grado de libertad que tienen sus funcionarios en cuanto a tomar decisiones y la capacidad que existe para supervisarlos. Este principio se conjuga con los postulados de Taylor y la división del trabajo que trae consecuentemente el establecimiento de normas para cada funcionario.


Las normas bien implantadas pueden llegar a extremos de convicción que motiven a arriesgar la vida por el cumplimiento de sus obligaciones, como es el caso de las instituciones militares. Esto no se logra tan solo con incentivos sino sustituyendo las identidades individuales por las colectivas y reforzándolas con tradiciones, ceremonias y experiencias que tienen como fin: unir a los soldados.


Las identidades y la lealtad de grupo tienden a soterrar la importancia de otros intereses, pero esto es difícil en empleados públicos civiles. Esto da lugar a la necesidad de un liderazgo capaz de hacer que las instituciones estatales, si no lograr una cohesión total en la búsqueda del servicio a la ciudadanía, pues al menos el cumplimiento de normas que provoquen la toma correcta de decisiones y el nivel de supervisión adecuado.


La necesidad de instituciones fuertes en Estados débiles o fracasados, que sean de corto alcance pero efectivas; con delegación en la toma de decisiones y medios de control, han llevado a la ONU y la comunidad internacional a la intervención en países para crear Estados auto sostenibles, que reduzcan el surgimiento de amenazas, aunque para ello tengan que obviar el principio de soberanía.


Estados Unidos de América se ha auto asignado la tarea de velar por la construcción de estos Estados, con la aprobación o no de la ONU y ante la simple y aparente expectación de la Unión Europea.


CONCLUSIONES
La obra es un mensaje claro y muy completo para el fortalecimiento de Estados con problemas de instituciones débiles y abarcadoras de los servicios públicos. Aunque no aboga puntualmente por la privatización, permite sentar criterios de evaluación para fortalecer el alcance y la fuerza de las instituciones locales de países en desarrollo.


Otro objetivo es presentar el proceso de reconstrucción de estados fracasados, dónde ha sido necesaria la intervención de la comunidad internacional. Esta intervención está justificada porque la debilidad o fracaso de un Estado puede tener influencia en la seguridad misma de otros Estados.


En base a las características planteadas por Fukuyama en esta obra, en las que describe a un Estado fracasado, se puede concluir que Guatemala no puede ser considerada como tal. Sin embargo las características de sus instituciones, los problemas que agobian, si pueden hacer que se le ubique en algún grado de “debilidad institucional”, condición que peligrosamente podría conducir hacia una condición peor.


Por tanto, no puede hablarse en Guatemala de un “estado fallido”, no todavía; pues mal que bien, las instituciones mantienen cierto grado de control, que ha impedido hasta hoy el libre tránsito y actuar ilegal de organizaciones delictivas o un desborde social incontenible.

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